2019: las elecciones inesperadas

¿El candidato inesperado?

Si alguien le hubiera preguntado a principios de 2018 a cualquier mortal que habitara la Argentina si siquiera hubiese podido imaginar que Alberto Fernández sería candidato a presidente de la Argentina, la respuesta por la negativa a concebir tan desfachatado pronóstico hubiese sido univoca. Y en el caso que alguno hubiera asentido tan improbable suceso, es claro que lo hubiesen imaginado encabezando una tercera vía enfrentándose a Macri y al candidato del kirchnerismo.
Muy por el contrario, Alberto Fernández, el armador político del triunfo de Néstor Kirchner en 2003 y luego Jefe de Gabinete desde aquel año hasta julio de 2008 cuando fue echado durante el Gobierno de Cristina Fernández, durante la recordada crisis de la cláusula 125 de las retenciones al campo, acaba de ser electo en primera vuelta por un frente electoral que incluye a un amplio espectro de fuerzas peronistas, incluyendo al kirchnerismo liderado por su actual compañera de fórmula y vicepresidente electa.
Hoy la presidencia de Alberto Fernández es un suceso que sólo el cubo mágico de la política puede escudriñar porque fue sorpresiva desde su origen, porque fue espectacular en su proceso y porque tuvo un desenlace de grises, de “ganadores y perdedores parciales” que es necesario analizar.

Los escenarios inesperados

Si las elecciones PASO de agosto en las que el binomio Fernández-Fernández arrasó por más de 15 puntos (49% a 33%) golpeando las puertas del cielo del triunfo en primera vuelta fueron inesperadas, más inesperada aún fue la remontada que logró el macrismo en estas elecciones generales del domingo pasado.
En efecto, los resultados de los comicios del 27 de octubre demostraron a un Mauricio Macri pisando los 41 puntos y a un Alberto Fernández sin poder romper el techo de los 50. Si bien el escrutinio definitivo quizá extienda la diferencia a uno o dos puntos más, la sorpresa de la remontada de la alianza Cambiemos fue verdaderamente fenomenal, máxime si se analiza la composición de la Cámara de Diputados que heredará el próximo presidente, en la que no logró quórum propio y deberá estar obligado a establecer acuerdos con fuerzas de la minoría.
Si bien las encuestadoras pregonaban una diferencia aún mayor que en las PASO, presagiando una elección y diferencia históricas, el voto popular reaccionó de un modo sorpresivamente selectivo dos meses después, desafiando el canon tradicional que indica que el ciudadano suele inclinarse por el carro ganador cuando un candidato pica en punta en las encuestas. De este modo, las consultoras acostumbradas a negociar puntos de oro a cambio de contratos, ven que la maldición del presidente estadounidense Harry Truman va destruyendo votación trás votación su prestidigitador prestigio…
Finalmente Alberto Fernández no aplastó a Macri, algo descontado por muchos futurólogos -inclusive el autor de esta columna que como respuesta autocrítica intenta reflexionar con el lector lo que ocurrió-, sino que el voto popular viró hacia un conservadurismo de los equilibrios legislativos.
Así, la sorpresa obligó a cambiar las estrategias de comunicación postelectoral y en un gesto de madurez necesaria para calmar las ansiedades del mercado, al menos en el estamento presidencial, el domingo se respiró una molesta cordura. La foto conjunta de los presidentes la mañana siguiente delineó un escenario de ganadores medidos y perdedores satisfechos.

¿Qué explica la remontada del macrismo?

Algunos análisis se inclinan a sostener que en las últimas semanas Alberto Fernández se había “kirchnerizado” y que los debates habían recreado la grieta maniquea que tanto molesta a la clase media no partidaria y que en definitiva siempre fue funcional al macrismo.
Teniendo en cuenta que “superar la grieta” fue un activo con el que el ahora presidente electo había cosechado voluntades independientes en las PASO de agosto, a la luz de los resultados y del tiempo transcurrido, quizá el debate haya tenido un ganador que no fue exactamente Alberto Fernández sino Mauricio Macri. Este es un tema para seguir reflexionando porque se incrementó la participación de votantes en octubre y claramente benefició a Cambiemos.
Pero un hecho no menor son los resultados en las provincias centrales, el corazón productivo rural del país y zona de mayoría crítica del electorado nacional que durante la crisis de la clausula 125 de retenciones a los cereales en 2009 se lo denominó “El campo”.
Pues bien, en las elecciones generales y al contrario de lo que ocurrió en las PASO de agosto, Cambiemos arrasó en Córdoba, conquistó nuevamente Mendoza y dio vuelta ostensiblemente Santa Fe y Entre Ríos. El triunfo en primera vuelta de Rodríguez Larreta (primera vez que ocurre en la Capital Federal) y la pendular e icónica San Luis, terminaron de dar el tono amarillo a la franja que determinó ese mapa con los colores boquenses que circulan a modo de broma por redes sociales y de mensajería virtual en los celulares. Toda una burla del destino.

¿Voto antiperonista o voto en defensa propia?

Resta saber si el corazón de la zona del “campo” activó cierta memoria inmunológica del antiperonismo o más bien meditó el sufragio como un mensaje al futuro presidente, a modo de advertencia que la crisis que viene la generaron “los políticos” de uno y otro lado de la grieta y que en la conciencia de esas culpas compartidas, no permitirán que toquen un ápice del actual esquema de retenciones a las exportaciones.
Menudo inconveniente a sabiendas que con la economía en brutal recesión, los únicos dólares frescos que ingresarán sin generar más deuda serán los que liquide el campo en el verano venidero.
Esperan gestos los jubilados, los desocupados y subocupados, los empleados públicos, el sector industrial y los acreedores externos. Pero también espera gestos el sector primario (“El campo”). Las cuentas nacionales perfilan casilleros rojos y signos negativos. Las ciencias sociales son taxativas en coincidir que con la simple buena voluntad no se solucionan los problemas económicos y el campo aún tiene la memoria activa de los tractorazos y cortes de ruta. Quizá haya cierta conciencia de la zona central del país que mira atentamente las medidas de los presidentes saliente y entrante.
Con la economía extorsionada y sin cheque en blanco legislativo ni luna de miel, Alberto Fernández deberá afrontar una tormenta química con elementos inestables, una verdadera bomba de tiempo que se debe desactivar con obsesiva pericia si se pretende sostener algo de capital político en la cíclica maquinaria del fracaso nacional.
Mientras tanto, ansiosos, los argentinos esperan las fiestas de fin de año y sueñan con proyectar un 2020 mejor que este 2019 que se extingue y que seguramente será recordado como el año de las elecciones inesperadas.

Con la economía extorsionada y sin cheque en blanco legislativo ni luna de miel, Alberto Fernández deberá afrontar una tormenta química con elementos inestables, una verdadera bomba de tiempo que se debe desactivar con obsesiva pericia si se pretende sostener algo de capital político en la cíclica maquinaria del fracaso nacional.


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