En medio de una gran preocupación social y absoluto silencio oficial.
El arribo de un Boeing C-40 Clipper perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), al aeropuerto “Malvinas Argentinas” de Ushuaia, el domingo último, sería apenas uno de muchos a realizarse para concretar un acuerdo reservado entre Javier Milei y Donald Trump, en el que la ciudad capital tiene un rol estratégico, informaron fuentes bien informadas del ámbito castrense local.

Una visita especial tuvo lugar este domingo al mediodía en el Aeropuerto Internacional de Ushuaia “Malvinas Argentinas” que no pasó desapercibida para observadores especializados ni para la prensa local. A las 11:22 aterrizó en la capital fueguina un Boeing C-40 Clipper perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), una aeronave utilizada para el traslado de altos mandos militares y funcionarios del gobierno estadounidense.
El avión, identificado como un Boeing 737-700C en su versión militar, operó bajo el indicativo de llamada RCH (Reach), denominación característica del Comando de Movilidad Aérea de los Estados Unidos, lo que confirma su pertenencia a una estructura logística estratégica y no a vuelos comerciales o de rutina.
De acuerdo a los registros de vuelo, la aeronave partió el viernes 23 a las 18:06 desde la Joint Base Andrews, en el estado de Maryland, una instalación de máxima seguridad que alberga, entre otros activos, al Air Force One, el avión presidencial estadounidense. A las 22:12 aterrizó en San Juan de Puerto Rico y, tras una breve escala, despegó nuevamente a las 23:36. El sábado 24, a las 08:40, arribó al Aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires.
Ya en la mañana del domingo 25 de enero de 2026, el C-40 Clipper despegó de Aeroparque a las 08:04 y completó su trayecto final hacia Ushuaia, donde tocó pista a las 11:22.
El C-40 Clipper no es una aeronave de transporte convencional. Basado en el diseño del Boeing 737-700, es definido por la propia Fuerza Aérea estadounidense como una verdadera “oficina en el aire”, equipada para el traslado de funcionarios de alto rango, jefes militares, miembros del Pentágono o del Departamento de Estado. A diferencia de los aviones de carga pesada, las versiones B y C —como la que arribó a Ushuaia— están especialmente acondicionadas para el transporte de “personalidades”, lo que refuerza la hipótesis de que a bordo habría viajado una delegación de jerarquía.
La última vez que se tuvo conocimiento público del arribo de una aeronave de estas características a Ushuaia fue con motivo de la visita del entonces jefe del Comando Sur de los Estados Unidos. Sin embargo, fuentes aeroportuarias confiables señalaron que, desde aquel antecedente, se produjeron otros aterrizajes de aeronaves militares estadounidenses, y que se esperan nuevos vuelos en el futuro, casi de modo rutinario, al punto de no generar ya sorpresa entre el personal de la aeroestación.

Las mismas fuentes indicaron que este tipo de operaciones se gestionan exclusivamente a través de autorizaciones del Gobierno nacional y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, sin participación ni intervención de las autoridades provinciales. De hecho, se confirmó que el Gobierno de Tierra del Fuego no fue informado ni tuvo injerencia alguna en el arribo del avión.
El aterrizaje se da en un contexto sensible, atravesado por el creciente interés internacional sobre Ushuaia como punto estratégico de proyección logística hacia la Antártida y por los debates en torno a la Base Naval Integrada, el control del puerto y las rutas bioceánicas. En ese marco, entre sectores de la comunidad y observadores locales comenzó a instalarse la percepción de que existen acuerdos de carácter reservado entre el gobierno argentino y la administración estadounidense, en los que la ciudad más austral del país ocuparía un rol central.
Al cierre de esta edición, fuentes castrenses consultadas vinculaban el arribo de la aeronave con los antecedentes de visitas de figuras de altos mandos militares estadounidenses a la capital fueguina, en las que comenzaron a concretarse en la práctica, los acuerdos sellados entre el presidente Javier Milei y su par norteamericano, Donald Trump. El 4 de abril de 2024, el presidente Javier Milei recibió a la entonces comandante del Comando Sur, la general Laura Richardson, y viajó posteriormente a Ushuaia para acompañarla en una recorrida por la Base Naval, en una ceremonia que generó fuerte repercusión política e institucional.
Un año más tarde, el 30 de abril de 2025, fue el nuevo jefe del Comando Sur, almirante Alvin Holsey, quien visitó la Base Naval Ushuaia junto a la encargada de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Argentina, Abigail L. Dressel.
Desde la Armada se explicó en aquel entonces que la visita tuvo como objetivo interiorizarse sobre las capacidades operativas argentinas y los proyectos en marcha en la región más austral del país. Sin embargo, durante esa jornada, los visitantes mostraron especial interés en las rutas marítimas, las operaciones antárticas y el rol de Ushuaia como principal “puerta de entrada y salida” al continente blanco, además de la necesidad de fortalecer las capacidades logísticas en ese escenario.
Las mismas fuentes consultadas indicaron que, desde aquella visita a la fecha, se habrían registrado nuevos arribos de personal militar estadounidense a la zona e incluso la permanencia de algunos de ellos, vinculados a un proyecto conjunto que se maneja con un alto grado de reserva.
En un escenario internacional marcado por la disputa de intereses en la Antártida y el Atlántico Sur, la llegada a Ushuaia de una aeronave que responde directamente a la estructura de mando en Washington no pasó inadvertida y vuelve a colocar a la capital fueguina en el centro de un tablero geopolítico de creciente relevancia.