Los especialistas insisten en que los adultos deben aprender a acompañar

Prevención del suicidio en adolescentes.

En una charla abierta realizada en Ushuaia se abordó el rol que pueden tener padres, docentes, familiares y otros referentes en la detección temprana del malestar emocional en los jóvenes y en la construcción de espacios de escucha y contención.

Coach Ontológica Fernanda de la Fuente: «Una escucha a tiempo puede salvar una vida».

La preocupación por la salud mental de adolescentes y jóvenes volvió a estar en el centro de una actividad realizada el jueves último, donde una charla abierta buscó poner el foco no tanto en ellos, sino en los adultos que forman parte de su entorno cotidiano.

La propuesta, denominada “Stop”, estuvo orientada principalmente a brindar herramientas a madres, padres, docentes y otras personas que acompañan adolescentes, con una idea central: la prevención no empieza cuando aparece una crisis, sino mucho antes, en la calidad de los vínculos y en la posibilidad de que existan espacios reales de escucha.

La actividad estuvo a cargo de la coach Fernanda de la Fuente y se desarrolló de manera gratuita en el Centro Cultural, Social y Político Nueva Argentina, ubicado en calle San Martín 1052, en Ushuaia.

Durante el encuentro se trabajó sobre una preocupación que, según planteó la disertante, aparece con frecuencia en conversaciones con adolescentes: la sensación de soledad y la dificultad para encontrar adultos con quienes hablar de lo que les ocurre.

“Los adolescentes se sienten solos. Es importante generar conciencia en las personas adultas para que puedan convertirse en refugio y sepan acompañarlos”, señaló.

En ese sentido, explicó que la propuesta estuvo pensada especialmente para quienes conviven, trabajan o mantienen contacto cotidiano con adolescentes, entendiendo que la prevención no es una tarea exclusiva del sistema de salud.

“Pueden ser padres, docentes, vecinos, una tía o un abuelo. Todos pueden aprender herramientas para acompañar de otra manera”, sostuvo.

La expositora aclaró además que este tipo de espacios no busca reemplazar la atención psicológica ni el abordaje profesional de la salud mental, sino trabajar desde una perspectiva preventiva y comunitaria.

Entre los ejes abordados apareció la necesidad de que los adultos revisen hábitos cotidianos, salgan del “piloto automático” y generen vínculos donde los adolescentes puedan expresar preocupaciones, frustraciones o situaciones de sufrimiento sin sentirse juzgados.

“Siempre digo que un adolescente necesita por lo menos un adulto que sea su lugar seguro”, expresó.

Más allá de la convocatoria puntual, el encuentro dejó planteada una idea que atraviesa gran parte de las estrategias actuales de prevención: que construir entornos de escucha, presencia y acompañamiento no reemplaza el trabajo clínico, pero puede convertirse en una herramienta temprana para detectar situaciones de malestar y acercar ayuda cuando sea necesario.


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