Apagar el incendio sale siempre más caro que prevenirlo

Antropozoonosis.

Escribe- DR. RUBÉN RAFAEL

Las enfermedades que se transmiten de animales vertebrados a seres humanos —conocidas como antropozoonosis o zoonosis— muestran una expansión y una aceleración que preocupa cada vez más a la comunidad científica internacional.

Actualmente, más del 60% de las enfermedades infecciosas humanas conocidas tienen origen zoonótico y se estima que tres de cada cuatro enfermedades emergentes provienen del mundo animal.

En los últimos años se registraron brotes o incrementos inusuales de enfermedades como la gripe aviar altamente patógena (H5N1), el ébola, la viruela símica (antes conocida como viruela del mono), el hantavirus –  que recientemente tuvo bajo sospecha a Ushuaia en la vidriera mundial –  la leptospirosis y la triquinosis, entre otras. Aunque cada una tiene dinámicas propias, todas reflejan un fenómeno común: las fronteras entre la salud humana, animal y ambiental son cada vez más difusas.

Este escenario no responde al azar. Detrás del aumento de estos eventos existen factores múltiples e interconectados, muchos de ellos vinculados con la actividad humana.

Uno de los más relevantes es la destrucción de hábitats naturales. La deforestación y la expansión agrícola o urbana reducen las barreras que históricamente separaban a las personas y al ganado de la fauna silvestre. A mayor contacto, mayores oportunidades para que virus, bacterias y otros agentes infecciosos encuentren nuevas vías de circulación.

Otro elemento central es el cambio climático. El aumento de las temperaturas y las modificaciones en los patrones de lluvias alteran la distribución geográfica y los ciclos biológicos de vectores como mosquitos y garrapatas, así como de reservorios animales como roedores y murciélagos. Como consecuencia, enfermedades que antes estaban limitadas a determinadas regiones comienzan a aparecer en nuevas zonas.

También genera preocupación el modelo de producción animal intensiva. Cuando existe una alta concentración de animales genéticamente similares y no se sostienen medidas estrictas de bioseguridad, se favorecen condiciones que pueden facilitar la circulación, adaptación y expansión de determinados patógenos.

A esto se suma otro desafío creciente: la resistencia antimicrobiana. El uso excesivo o inadecuado de antibióticos tanto en medicina humana como en producción animal contribuye al desarrollo de bacterias resistentes, cada vez más difíciles de tratar.

Frente a este escenario, la comunidad científica sostiene que ya no alcanza con actuar cuando aparece una epidemia. La prevención dejó de ser una recomendación para convertirse en una necesidad estratégica, porque el costo de apagar el fuego es infinitamente mayor que el de prevenirlo.

En ese sentido, uno de los conceptos que más fuerza tomó en los últimos años es el enfoque denominado “Una sola salud” (One Health). Este modelo propone integrar el trabajo entre salud humana, sanidad animal y protección ambiental, promoviendo políticas coordinadas y sistemas de intercambio de información para detectar riesgos antes de que se transformen en emergencias sanitarias.

Entre las medidas consideradas prioritarias aparecen:

• Fortalecer la vigilancia epidemiológica temprana mediante el monitoreo de fauna silvestre y ganado para detectar señales de circulación de patógenos. Muchas veces los animales funcionan como indicadores tempranos de riesgo.

• Impulsar modelos más sostenibles de agricultura y ganadería, con mayores estándares de bioseguridad, reducción del hacinamiento animal y uso responsable de antibióticos.

• Proteger los ecosistemas y la biodiversidad. Los ambientes saludables generan un efecto de equilibrio que disminuye las posibilidades de expansión de determinados agentes infecciosos.

A nivel individual también existen acciones concretas: mantener al día la vacunación de mascotas, controlar la presencia de roedores y mosquitos en el hogar, respetar medidas sanitarias y acompañar políticas orientadas al cuidado ambiental.

Las enfermedades emergentes ya no pueden entenderse como un problema lejano ni exclusivo de determinados sectores. La forma en que producimos, habitamos y nos relacionamos con el ambiente tiene consecuencias directas sobre nuestra salud.

Este no es un problema de «OTROS».  Este es un problema que nos involucra a «TODOS», al igual que las acciones que deben emprenderse. Podemos cambiar y evitar riesgos, o podemos seguir por el camino actual y acostumbrarnos a problemas que cada vez serán más frecuentes.

La decisión al fin…dependerá de nosotros.


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