El legislador instó a sellar un acuerdo político institucional para definir los próximos 30 años de la ciudad.
En un nuevo aniversario, el parlamentario cuestionó las disputas públicas entre funcionarios y reclamó “menos confrontación y más respuestas concretas para los vecinos”.

Los gobiernos pasan, las gestiones terminan y los problemas que afectan a los vecinos muchas veces permanecen. Con esa mirada, el legislador Jorge Lechman, del bloque Somos Fueguinos, aprovechó el aniversario de Ushuaia para plantear una discusión que, a su entender, la política todavía tiene pendiente: acordar un rumbo de desarrollo a largo plazo y dejar de gastar energías en disputas que no se traducen en soluciones.
La ciudad que alguna vez tuvo unas pocas calles y una escala muy distinta se expandió, sumó barrios, consolidó su actividad turística y multiplicó la demanda de servicios. Sin embargo, para Lechman, ese crecimiento también dejó al descubierto problemas que atraviesan distintas gestiones, como el acceso a la vivienda y a la tierra, la infraestructura y la falta de continuidad en la planificación urbana.
“No significa que todo se haya hecho mal, pero muchas de estas discusiones llevan décadas sin soluciones. Los gobiernos cambian pero los problemas siguen esperando respuestas”, advirtió.
Frente a ese escenario, el legislador propuso avanzar en un acuerdo político e institucional que establezca cómo debería desarrollarse Ushuaia durante las próximas tres décadas. La iniciativa, sostuvo, debería involucrar al Municipio, al Concejo Deliberante, a los colegios profesionales, las universidades, los sectores productivos y los vecinos.
“El objetivo no sería multiplicar reuniones ni declaraciones, sino definir criterios compartidos sobre cuestiones centrales para el futuro de la ciudad: dónde construir, cómo garantizar los servicios, qué tierras destinar a viviendas y qué espacios naturales preservar”, explicó sobre su iniciativa.
La propuesta apunta a que las decisiones estratégicas no queden sujetas exclusivamente a los cambios de gobierno: “Cada administración tendría sus propios proyectos y prioridades, pero eso no debería impedir la continuidad de una planificación común en asuntos que comprometen a toda la comunidad” – añadió.
La crítica se extendió luego a una forma de medir la gestión pública que, según Lechman, pone demasiado énfasis en las obras inauguradas, las fotografías y los actos oficiales. “Eso no alcanza para definir el futuro de Ushuaia. Ushuaia no debería pensarse desde la próxima cinta que haya que cortar. Debería pensarse desde el alma”, indicó.
La frase resume el costado más simbólico de su planteo: pensar la ciudad no solo desde las obras y las necesidades inmediatas, sino también desde su identidad, el paisaje que se busca preservar y las oportunidades que recibirán las próximas generaciones.
En el cierre de su reflexión, Lechman volvió sobre la idea que atraviesa todo su mensaje: la distancia entre los tiempos de la política y la permanencia de la ciudad. Los nombres de quienes gobiernan cambian y los mandatos concluyen, pero las decisiones —y también las omisiones— dejan consecuencias que trascienden a cada gestión: “Los nombres cambian. Los mandatos terminan. Ushuaia queda”.
Menos peleas, más respuestas
El legislador cuestionó finalmente“las discusiones interminables entre funcionarios, los cruces en redes sociales y los videos preparados para responder a un adversario, en contraste con las necesidades concretas de quienes esperan una solución del Estado”.
“Al vecino poco le aporta esta confrontación permanente. Quien enfrenta un problema necesita que alguien se ocupe de resolverlo, no quedar como espectador de una nueva disputa pública” – resaltó.