Luis Arjel.
Fue declarado Ciudadano Destacado por sus logros deportivos, llegó a Tierra del Fuego cuando tenía apenas dos años, descubrió el esquí de fondo mientras trabajaba como lavaplatos y llegó a representar a la Argentina en competencias internacionales. Ganó ocho Marchablanca y tres Marcha de los Valles. Y añora la Ushuaia en la que todos se conocían.

Luis Arjel, en 2001, durante una de las ocho Marchas Blancas y tres Marchas de los Valles que ganó a lo largo de su trayectoria deportiva.
Luis Teodoro Arjel Mancilla tiene una historia que se confunde con la de Ushuaia. Llegó desde la ciudad chilena de Punta Arenas junto a su madre y su hermana cuando apenas tenía dos años de vida. Creció en una ciudad muy distinta de la actual y, con el tiempo, se convirtió en uno de sus grandes representantes deportivos. Su trayectoria acaba de ser reconocida por el Concejo Deliberante, que lo distinguió como Ciudadano Destacado por sus logros representando al país, a Tierra del Fuego y a su ciudad.
Pero antes de los campeonatos, las medallas y los viajes, hubo una infancia en aquella Ushuaia que permanece viva en su memoria.
“Siempre recuerdo a aquella Ushuaia antigua, tan linda, un lugar donde uno salía a caminar por la calle Magallanes y había conejos, y se podía juntar frutillas y calafates”, cuenta Arjel, al evocar una postal de vida que todavía conserva intacta.

Antiguamente la nieve se acumulaba en grandes montículos y Ushuaia tenía postales como esta, con la cúpula de la parroquia Nuestra Señora de la Merced asomando al fondo. Luis Arjel, todavía niño, junto a su mamá. «Aquellas eran nevadas… y no como ahora, que caen dos copos y la gente se queja», recuerda.
También vuelven a su memoria, al ser entrevistado por Diario Prensa Libre, las fiestas populares, los encuentros entre vecinos, su niñez y la vida comunitaria de aquellos años. “Los grandes carnavales que se hacían en el Solier o en el Poncho, los grandes curantos, donde la gente era más unida. O cuando llegaba el barco Bahía Aguirre o el Buen Suceso, era una fiesta porque nos abastecían con mercadería. Toda la primaria la hice en la Escuela Nro. 1 Domingo Faustino Sarmiento. Teníamos un gran respeto a la bandera y a la patria. Hoy ya no es así y se hace paro para todo. Antes se enseñaba con verdadero amor y pasión”.
La nieve también forma parte de sus recuerdos: “En aquellos tiempos de mi niñez nevaba mucho, realmente. Hoy caen dos copos de nieve y la gente se queja”, dice, con una comparación que resume cuánto cambió la vida cotidiana en la ciudad.
Y justamente allí, en la nieve, comenzó una carrera deportiva de nivel internacional. Todo comenzó de una manera sencilla, lejos de los podios. En 1976 empezó a trabajar como lavaplatos en el desaparecido Hotel Antártida, propiedad del expedicionario y empresario Gustavo Giró. Desde allí, a través de una ventana, observaba a quienes practicaban esquí en el bosque.
Y la curiosidad terminó convirtiéndose en vocación.
“Un día le pregunté a Giró si me dejaba probar el esquí y, desde entonces, fue mi pasión”, evoca.
Giró no solo le permitió dar sus primeros pasos: también fue un apoyo decisivo para que pudiera desarrollar su carrera. En 1983 lo ayudó a viajar al Campeonato Argentino de Biatlón y, tres años después, financió un viaje por Europa que se extendió desde Roma hasta Finlandia.

Luis Arjel, a sus 67 años fue declarado Ciudadano Destacado, consistente en un pergamino firmado por la presidente del Concejo Deliberante de Ushuaia, Gabriela Muñiz Siccardi y la secretaria administrativa Noelia Butt. «Por los logros obtenidos como deportista representando al país, a la provincia y a Ushuaia», reza la distinción.
Los resultados comenzaron a confirmar el talento y el esfuerzo. En 1987, Arjel se consagró campeón argentino de biatlón y esquí de fondo. Al año siguiente llegó una de las experiencias más importantes de su vida deportiva: su participación en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary, Canadá, en 1988, que lo convirtió —según su trayectoria— en el primer deportista de Ushuaia en alcanzar esa instancia.
“Fue realmente un orgullo haber representado a la Argentina y a mi gente fueguina”, afirma.
En 1991 volvió a consagrarse campeón argentino en ambas especialidades. Su recorrido deportivo incluyó también una destacada participación en competencias internacionales y numerosos triunfos en el esquí de fondo, una disciplina que exige resistencia, preparación y constancia.
En el ámbito local, su nombre quedó ligado a dos pruebas tradicionales de Tierra del Fuego: ganó ocho ediciones de la Marchablanca y tres veces la Marcha de los Valles. A esos logros se suman seis copas argentinas de biatlón, 18 medallas en campeonatos argentinos de esquí de fondo y siete medallas obtenidas en España, cuatro de ellas en los campeonatos de Aragón, donde también alcanzó un tercer puesto en una competencia nacional.
Durante los años que vivió en España continuó compitiendo y sumando experiencias, hasta que regresó a su amada Ushuaia, en donde continúa residiendo actualmente.
Para Arjel, sin embargo, detrás de cada título y cada medalla hay una historia de oportunidades, sacrificios y personas que confiaron en él cuando todo estaba por empezar.
Por eso, al repasar su carrera, vuelve, agradecido a quien lo alentó a desarrollarse como deportista y a alcanzar sus sueños: “Siempre le agradeceré a Gustavo Giró su permanente apoyo. Todos mis logros deportivos se los debo en gran parte a él”, expresa.
Al escucharlo recordar sus primeros años, queda claro que Arjel no mide su vida solamente en campeonatos y medallas. También la mide en afectos cosechados y amistades cultivadas en aquel pequeño pueblo nevado llamado Ushuaia, que lleva en su corazón como una foto antigua en blanco y negro.