Reveladores audios, videos, mensajes y capturas fueron expuestos en el inicio de la etapa de alegatos en el juicio por el crimen del docente y tatuador riograndense.
La querella pidió prisión perpetua para Florencia Mancilla y expuso pruebas que, según sostuvo, desmoronan la hipótesis de la defensa y revelan un crimen premeditado con móvil económico. La Fiscalía, por su parte, solicitó solo 12 años de cárcel por homicidio simple y la detención inmediata por considerar que la acusada podría fugarse.

El juicio por el brutal crimen del docente Alexis Baciocchi ingresó en su etapa de alegatos con un giro contundente en la lectura del caso, que desde sus inicios estuvo marcado por lo que distintas partes señalaron como un uso extremo de la perspectiva de género, al punto de sostener a la homicida Florencia Mancilla en un rol de víctima y permitirle atravesar todo el proceso en libertad.
En ese contexto, la querella —a cargo de las abogadas Sandra Arenas y Erica Soto— solicitó la pena de prisión perpetua y desarrolló una exposición centrada en desmontar ese encuadre inicial, a partir de una batería de pruebas digitales que, según afirmaron, muestran una realidad completamente distinta.
Audios, mensajes, videos y reconstrucciones extraídas de teléfonos celulares fueron presentados como el eje de un relato alternativo: uno en el que, lejos de un accionar impulsivo, el homicidio aparece como un hecho planificado.
Las letradas sostuvieron que no se logró acreditar que Baciocchi haya abusado de Mancilla y que, por el contrario, los intercambios exhibidos evidencian que era ella quien retomaba el contacto de manera insistente, incluso utilizando distintas identidades en redes sociales.
Pero el punto más fuerte del alegato estuvo en la exposición de material que, según la querella, revela un posible móvil económico detrás del crimen.
De acuerdo a los audios y mensajes reproducidos en sala, Mancilla hacía referencia a Baciocchi como “un pez gordo”, destacando que tenía terreno, casa y vehículo, y analizaba alternativas para avanzar sobre esos bienes. Según se desprende del material expuesto en el debate, Mancilla pensaba valerse del antecedente de haber iniciado una relación sexoafectiva con Baciocchi a sus 14 años, cuando él tenía 23 y era su profesor de música en el colegio secundario, pese a que ese vínculo continuó con algunos intermedios, hasta el día en que lo mató valiéndose de varios cuchillos, un martillo y un destornillador.
En ese mismo sentido, se escucharon conversaciones en las que evaluaba iniciar acciones judiciales, calcular costos de abogados y proyectar posibles beneficios económicos, lo que para la acusación configuró un indicio claro de planificación.
A esto se sumó la exhibición de material de índole sexual enviado por la imputada a otros hombres, así como audios en los que reclamaba dinero, lo que fue interpretado por la querella como parte de una lógica de chantaje, manipulación y presión económica.
Incluso se planteó la existencia de un patrón de conducta compatible con maniobras extorsivas, basado en la generación y utilización de contenido íntimo.
Otro de los ejes que buscó desarticular el relato inicial fue la aparición de un tercer hombre, identificado solo como “EVS”, con quien Mancilla mantenía un vínculo más intenso que el que tenía con la víctima, incluyendo discusiones por dinero, amenazas y reclamos.
Para la querella, ese elemento resulta clave, ya que permite poner en duda que la situación de violencia y vulnerabilidad descripta por la imputada estuviera centrada en Baciocchi.
Con ese conjunto de pruebas, la acusación sostuvo que el mensaje de una palabra enviado por Florencia Mancilla el día del hecho a Alexis Baciocchi —“ayudame”— habría funcionado como un señuelo para concretar el encuentro que terminó en el ataque.
En contraposición, la Fiscalía de Género, a cargo de Mónica Macri, consideró acreditada la autoría pero encuadró el hecho como homicidio simple, solicitando una pena de 12 años de prisión, despojándolo de todo agravante, en una postura que volvió a dejar en evidencia la distancia con la querella no solo en la calificación legal, sino en la interpretación global del caso.
El contraste entre ambas posiciones sintetiza el núcleo del juicio: de un expediente inicialmente atravesado por la construcción de una víctima, a una etapa final en la que la acusación intenta instalar la existencia de un crimen planificado, con elementos que —según sostuvo— desmienten esa narrativa.
El proceso continuará con el alegato de la defensa, previo al veredicto del Tribunal integrado por Eduardo López, Verónica Marchisio y Juan José Varela.