Almacén Ramos Generales: veinte años manteniendo viva la historia de Ushuaia

EL HISTÓRICO ESTABLECIMIENTO REABRIÓ SUS PUERTAS EL 11 DE OCTUBRE DE 2006.

El emblemático establecimiento de avenida Maipú cumplió dos décadas desde su recuperación y reapertura, impulsada por Enrique Chasco y Lilian Lavergne. Construido en 1906 y convertido en almacén por el inmigrante libanés José Salomón en 1913, el edificio conserva buena parte de los objetos, instalaciones y recuerdos de aquella Ushuaia aldeana y territoriana. Un lugar donde el pasado sigue formando parte de la vida cotidiana de la ciudad.

El histórico edificio del Almacén Ramos Generales, construido en 1906, conserva su característica fachada sobre la avenida Maipú, en medio de una Ushuaia cuya fisonomía cambió profundamente durante el último siglo.

El 11 de octubre de 2006, después de permanecer cerrado durante aproximadamente cuatro décadas, el antiguo Almacén Ramos Generales volvió a abrir sus puertas. Aquella jornada marcó el comienzo de una nueva etapa para uno de los edificios más representativos de la vieja Ushuaia, cuya recuperación permitió preservar un importante testimonio de la historia comercial y social de la capital fueguina.

Veinte años después, el establecimiento ubicado en Maipú 749 continúa recibiendo a residentes y turistas en un ambiente donde los antiguos mostradores, las altas estanterías de madera y una innumerable cantidad de objetos de otras épocas conviven con la actividad gastronómica.

Detrás de esa recuperación estuvieron Enrique Chasco y su esposa, Lilian Lavergne, quienes asumieron el desafío de devolverle vida a una construcción centenaria sin despojarla de aquello que la hacía diferente: su historia.

Enrique Chasco y Lilian Lavergne, rodeados por el personal del Almacén Ramos Generales, durante el brindis por el 20.º aniversario de la reapertura del histórico establecimiento, celebrada el 11 de octubre.

 

De la Ushuaia aldeana al almacén de José Salomón

Para comprender el significado de Ramos Generales es necesario remontarse a los primeros años del siglo pasado, cuando Ushuaia era todavía un pequeño poblado que comenzaba a desarrollarse frente al canal Beagle.

El edificio fue construido en 1906 y, siete años después, comenzó a funcionar como almacén de ramos generales de la mano de José Salomón, un inmigrante libanés que había partido desde el puerto de Trípoli rumbo a Buenos Aires, alentado por la esperanza de encontrar mejores oportunidades.

Su llegada a Tierra del Fuego lo llevaría a convertirse en uno de los comerciantes más conocidos de aquella incipiente comunidad.

El negocio respondía fielmente a la denominación de ramos generales. En sus estanterías podían encontrarse rollos de telas, herramientas, alimentos en conserva, frascos, utensilios domésticos, vestimenta y prácticamente todo aquello que los pobladores necesitaban para su vida cotidiana.

En una ciudad donde el abastecimiento dependía en buena medida de la llegada de los barcos, disponer de un comercio de esas características tenía una importancia que hoy resulta difícil dimensionar.

Las frutas y verduras frescas, por ejemplo, constituían productos cuya disponibilidad estaba condicionada por las comunicaciones marítimas. Para el resto de las necesidades, el almacén procuraba ofrecer una respuesta.

Incluso contaba con un sistema de reparto a domicilio en bicicleta, una modalidad que, muchas décadas antes de la aparición de los actuales servicios de entrega, permitía acercar las mercaderías a los hogares.

Pero el establecimiento no era solamente un lugar donde comprar. Como ocurría con tantos comercios de los pequeños pueblos, también constituía un espacio de encuentro, de conversaciones y de intercambio de noticias.

 

La torta preparada para celebrar los 20 años de la reapertura del Almacén Ramos Generales, acompañada por una fotografía histórica, durante los festejos realizados el 11 de octubre.

Un edificio donde el tiempo pareció detenerse

La muerte de José Salomón, en 1965, marcó el final de una etapa. El negocio dejó de funcionar y sus instalaciones quedaron bajo el cuidado de su esposa, Antonia Yaksic, y de su hijo, conocido afectuosamente como el «Turco» Salomón, recordado por haber sido el primer abogado y juez fueguino.

Durante años, la familia conservó el establecimiento prácticamente sin modificaciones. Los antiguos mostradores permanecieron en su lugar, las estanterías continuaron pobladas de mercaderías y objetos, y los postigos cerrados mantuvieron en penumbras aquellos salones que habían sido escenario de buena parte de la vida comercial de la ciudad.

Con el fallecimiento de Antonia y posteriormente de su hijo, también quedaron deshabitados otros sectores del inmueble, entre ellos la vivienda familiar y el estudio jurídico que formaban parte de la construcción.

Mientras Ushuaia crecía y transformaba aceleradamente su paisaje urbano, el viejo almacén permanecía como un testimonio silencioso de otra época.

La recuperación de una parte de la memoria fueguina

La posibilidad de devolverle actividad al establecimiento llegó de la mano de Enrique Chasco, quien encontró en aquella antigua casona de chapa y madera mucho más que un edificio con potencial comercial.

Su interés estaba vinculado con la preservación de un lugar que había formado parte de la historia de generaciones de fueguinos y que conservaba elementos difíciles de encontrar en otras construcciones de la ciudad.

Junto con Lilian Lavergne emprendió una tarea de recuperación orientada a mantener la identidad del inmueble, respetando sus características arquitectónicas y conservando buena parte de los objetos originales.

Enrique Chasco y Lilian Lavergne brindan frente al histórico Almacén Ramos Generales, durante la celebración de los 20 años de su reapertura, concretada el 11 de octubre de 2006.

El 11 de octubre de 2006, el viejo almacén volvió a abrir sus puertas, esta vez convertido en un establecimiento gastronómico.

Los mostradores recuperaron su actividad, las mesas volvieron a reunir a clientes y las antiguas instalaciones se poblaron nuevamente de voces, conversaciones y encuentros.

La reapertura significó, además, que numerosos objetos que habían permanecido guardados durante décadas pudieran volver a ser apreciados por el público.

Juguetes de madera, radios antiguas, polveras de chapa, recipientes enlozados, fotografías, envases y herramientas comenzaron a integrar un recorrido por la vida cotidiana de la antigua Ushuaia.

Entre los detalles más particulares del edificio se encuentra la vieja hiedra que Antonia Yaksic plantó en los fondos de la casona y que, con el paso de los años, extendió sus ramas hasta atravesar sectores de la cocina y los salones.

Un testimonio vivo de la historia familiar que también logró sobrevivir a las transformaciones del lugar.

Un punto de encuentro que trascendió las fronteras

A lo largo de estas dos décadas, Ramos Generales se consolidó como uno de los establecimientos gastronómicos más reconocidos de Ushuaia.

Su particular ambientación y la posibilidad de conocer parte del pasado fueguino lo convirtieron en una visita frecuente para turistas de distintas partes del mundo.

Por sus instalaciones pasaron también personalidades internacionales, entre ellas el actor Leonardo DiCaprio, quien visitó el establecimiento durante su estadía en Tierra del Fuego, cuando participaba del rodaje de la película El renacido.

Sin embargo, más allá de la notoriedad que puedan haber aportado esas visitas, el principal atractivo del lugar continúa estando en la posibilidad de compartir un café, un almuerzo o una conversación rodeado de objetos que pertenecieron a otra etapa de la ciudad.

Veinte años después, la historia continúa

Ushuaia experimentó transformaciones profundas desde aquellos años en que José Salomón atendía personalmente su almacén. El crecimiento de la población, el desarrollo turístico y la expansión urbana modificaron de manera considerable la fisonomía de la ciudad.

Muchas de las antiguas construcciones desaparecieron y, con ellas, parte de los testimonios materiales de la vida cotidiana de sus primeros habitantes.

En ese contexto, la recuperación del Almacén Ramos Generales adquiere un significado que trasciende su actividad comercial.

La decisión de Enrique Chasco y Lilian Lavergne permitió conservar un edificio centenario y, al mismo tiempo, devolverle una función social que había perdido durante décadas.

El establecimiento ya no vende las mercaderías que abastecían a los antiguos pobladores ni recibe los pedidos que alguna vez se distribuían en bicicleta. Pero conserva sus mostradores, sus estanterías, sus recuerdos y, fundamentalmente, su condición de lugar de encuentro.

A veinte años de aquella reapertura, Ramos Generales sigue siendo una de las pocas puertas que permiten ingresar, aunque sea por un momento, a la Ushuaia de principios del siglo pasado.

Una historia que comenzó mucho antes de 2006 y que, gracias a su recuperación, todavía tiene páginas por escribir.


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