Antiguos pobladores cumplen hoy felices 60 años de casados

MARIA PONTONI Y CAYETANO “COCO” GORJON RENOVARAN HOY SUS VOTOS MATRIMONIALES EN UNA CEREMONIA RELIGIOSA A LA QUE INVITAN A PARTICIPAR A TODA LA COMUNIDAD.

La llegada de las bodas de diamante encuentra a la jovial pareja, de 79 años de edad ella y 82 años él, con el fruto de su amor traducido en dos hijas, cinco nietos y cuatro bisnietos.

En los tiempos que corren resulta un hecho extraordinario que un hombre y una mujer logren perpetuar su unión a través del tiempo y menos aun más allá del medio siglo. En una época signada por la intolerancia, la impaciencia y la búsqueda de la felicidad personal, la estadística es cruda: las uniones de pareja naufragan en los primeros años de convivencia, justo cuando las mieles de la pasión comienzan a atemperarse.
Porque son de otra época, en la que el sacerdote unía a la gente en matrimonio “hasta que la muerte los separe” o porque su amor vence cualquier barrera, María y Cayetano son protagonistas de una historia que comenzó allá por 1957, cuando Ushuaia era una pequeña aldea. Dos años más tarde, eran marido y mujer.
Fue una apuesta la que signó el destino de ambos: los amigos lo habían desafiado a “Coco”, en aquella época chofer del único colectivo de transporte urbano de pasajeros, perteneciente a la Armada Argentina, a tomarle la mano a María, que usaba el servicio para ir a su trabajo, el almacén de ramos generales perteneciente a la familia Quercialli.

  Después de un compromiso en secreto por la oposición del padre de la novia, la unión se concretó al cabo de dos años de noviazgo. 

“Un amigo me dijo un día de mayo de 1957 que tuviera cuidado con “la gringa”, que si le tocaba la mano se iba a enojar mucho conmigo. Yo le aposté un vermut a que me animaba. Y un día, mientras le daba el boleto, le agarré la mano y nunca más se la solté”, cuenta enamorado este hombre que peina canas y que en aquellos tiempos era un muchacho de apenas 17 años en un pueblo remoto de 3 mil habitantes al que lo habían asignado para hacer el servicio militar obligatorio.
Ushuaia fue el punto de reunión de dos personas que habían nacido en lugares muy distantes: ella, en Italia, desde donde partió un día a Argentina cuando era una niña de 8 años y él, en el pueblo de Cabildo, cercano a Bahía Blanca.
La relación nunca estuvo exenta de acontecimientos anecdóticos que al recordarlos provocan todavía alguna carcajada divertida, aunque en su momento hayan sido dramáticos. Uno de ellos por ejemplo fue la férrea oposición del padre de María a aceptar a “Coco” en la familia, a quien menospreciaba con el mote de negrito con uniforme.
Acta de matrimonio de fecha 1ero de marzo de 1959, a 60 años del actual aniversario de boda de María y Coco.

“Era otra época. Los italianos buscaban yernos con dinero. Un día mi papá tomó literalmente una escopeta y lo espantó de casa amenazando con dispararle”, evoca María, quien tuvo el valor de desafiar la autoridad paterna en tiempos en el que las esposas y las hijas debían acatar las decisiones del jefe de familia sin chistar.
“Le dije a mi papá que si no me firmaba la autorización para casarme, dado que yo era menor de edad, iba a buscar un tutor. Después de un tiempo don Pontoni se dio cuenta que las cosas iban en serio y la boda se realizó el 1ero de marzo de 1959 con toda la familia en paz.
¿Cómo no preguntarles el secreto para tener una unión duradera y feliz?. Ellos no retacean la información: “Muchos nos preguntan cómo hacemos. Creo que la clave es compartir y ceder. El amor apasionado se va transformando pero no deja de ser amor. Mi único consejo es que cuando una discusión se prolonga, conviene interrumpirla y volver sobre el tema más tarde. Esa es una buena receta”, revela María.
“Nosotros discutimos como cualquier pareja, pero aprendimos a entendernos. Nuestra casa está siempre llena y eso nos da mucha felicidad”, agrega don Gorjón.
María y Cayetano tienen una ilusión: viajar en una segunda luna de miel a Italia para visitar familiares. Para hacer realidad ese sueño, mañana sábado celebrarán sus bodas de diamante con una fiesta en la Sociedad Italiana de Ushuaia. Ellos no quieren regalos; piden que quienes lo deseen contribuyan económicamente a la realización del viaje, reservado para el próximo mes de octubre.
María y Cayetano son la prueba de que los amores de telenovela pueden ser opacados por los de la vida real. Tan real como el amor que los une.


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