En cuatro días hubo dos fallos: uno en Ushuaia y otro en Río Grande, referido este último a Tolhuin.
La Justicia dictó penas de 14 y 20 años por hechos cometidos durante 2 y 8 años contra sus hijastras. Que no hayan sido advertidos por el entorno familiar y escolar, vuelve a plantear interrogantes sobre la capacidad de cuidado y detección temprana en casos de abuso en niños y adolescentes.

En un lapso de cuatro días, la Justicia de Tierra del Fuego dictó dos condenas contra hombres acusados de abusar sexualmente de las hijas de sus parejas, en hechos ocurridos en Ushuaia y Tolhuin, con intervención de los tribunales de los distritos Sur y Norte.
El primero de los fallos se conoció el viernes 24 de abril, cuando el Tribunal de Juicio en lo Criminal del Distrito Judicial Sur condenó a un hombre residente en Ushuaia a 14 años de prisión por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por su rol de guardador.
De acuerdo a lo acreditado en el debate, los hechos ocurrieron entre 2013 y 2015, en un número indeterminado de ocasiones, cuando la víctima —de 16 años al momento de la denuncia— se encontraba bajo su cuidado.
El segundo caso tuvo sentencia este martes 28 de abril, en el ámbito del Tribunal de Juicio en lo Criminal del Distrito Judicial Norte, con sede en Río Grande, que condenó a un hombre a 20 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores agravada.
Según se probó en el juicio, los abusos se extendieron entre 2008 y 2016, en Tolhuin, también en un número indeterminado de ocasiones, cuando la víctima —menor de edad— quedaba al cuidado del imputado.
Un aspecto relevante de este último caso es que la sentencia se sustentó en testimonios de personas del entorno de la víctima, quien falleció en 2019 en un contexto marcado por las consecuencias del sufrimiento que atravesó en su niñez y adolescencia.
Ambos fallos refieren a hechos cometidos contra menores de edad en el ámbito familiar, ejecutados por las parejas de sus madres, bajo situaciones de cuidado, y por largos espacios de tiempo.
Vale destacarse también que a modo de factor común, los abusos se prolongaron durante años en ámbitos de convivencia diaria, atravesando etapas de escolarización sin ser detectados ni por el entorno familiar ni institucional. La reiteración y el tiempo en que se sostuvieron las vejaciones, interpela una vez más a la sociedad fueguina y abre una reflexión sobre las dificultades que persisten en los mecanismos de prevención y detección en situaciones en las que resultan victimizados niños y adolescentes.