Duelos en pandemia: una herida abierta

Duelos en pandemia: una herida abierta

Reflexiones en Cuarentena

Reflexiones en cuarentena

Uno de los “trabajos” psíquicos más difíciles que nos toca hacer en esta pandemia es el proceso de duelar a seres queridos y vecinos. Sin embargo, el estado de situación actual, no nos permite aún hablar de ello en pasado.

¿Qué nos pasa cuando un ser querido fallece?

Una de las primeras cuestiones que habría que mencionar es que en la vida hacemos múltiples duelos. El duelo remite fundamentalmente a un cambio y a una pérdida de un estado anterior. En ese sentido podríamos pensar al ciclo de la vida como una transición entre diferentes duelos. Ahora bien, estos duelos pueden ser de distintos tipos. No siempre implican la muerte física de alguien, sino que a veces remiten a cambios de etapa, el fin o la modificación de una relación, etc.
En el curso de un análisis, que de por sí implica también un duelo, el paciente suele remontarse a distintas pérdidas; y a la hora de enfrentar nuevos procesos, es un indicador a tener en cuenta como alguien atravesó duelos anteriores, qué cosas lo ayudaron y cuáles no.Pero retomemos la pregunta. Sigmund Freud, en “Duelo y Melancolía” (1915) señaló que el duelo “es la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” En tal sentido, refiere al duelo como un “trabajo”, que consiste en quitar toda la libido de sus enlaces con ese objeto. “Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura…” Es un trabajo que implica la elaboración de dicha pérdida. Por supuesto que el objetivo no es tapar la pérdida, olvidarla, negarla. Muy por el contrario, tiene que ver con aceptar lo ocurrido como parte de la vida y armar una trama que nos permita vivirla, sin derrumbarnos.

Simultáneamente, la pérdida de un ser querido en estos tiempos, ocurre en una situación que de por sí implicó duelar muchos de los proyectos que teníamos pensados y aspectos cotidianos de nuestras vidas que se vieron abruptamente modificados. Es mucho para procesar y no es tarea sencilla.

Por otro lado, hay una tendencia en la sociedad actual que empuja a un supuesto disfrute continuo. Sin medida. Tendencia también a no detenerse y por ende a no pensar. A negar la muerte y el dolor concomitante. A quién no le ha pasado que en un momento difícil, no falta quien diga: “No te pongas mal…”, “tenes que estar feliz y agradecer por todo lo que tenés”, “ya va a pasar, no vale la pena tu angustia” o “¡que exagerado!”. Todas frases que tienden a desmentir una situación de angustia o dolor, bajo el mandato de tener que estar siempre bien. Aparte de ser sumamente agresivo para quien está padeciendo, esta falta de tiempo y desconexión, hacen que este proceso psíquico que tiende a elaborar la pérdida se vea obstaculizado y eventualmente pueda transformarse en un duelo patológico. Podríamos decir que el duelo es un proceso que hay que atravesar por el medio. No podemos saltar “etapas”, y si lo hacemos, lo más probable es que eso tenga algún costo a futuro.
La Licenciada en Psicología Alicia Stolkiner, en el tercer encuentro online de la “Red de Cuidados, Derechos y Decisiones en el final de la vida” del CONICET (octubre/2020), habló del duelo no solo como proceso individual sino también y, ante este tipo de situaciones, como proceso colectivo. Recordando una frase de S. Freud “La muerte no se deja ya negar”. “Cuando las muertes son colectivas, los procesos de elaboración de duelo son colectivos, además de individuales. Lo que le da espacio a la posibilidad de elaboración del duelo singular, en situaciones de muerte colectiva, es cuando esto adquiere una dimensión colectiva también.”
La Lic. Stolkiner señaló que “Como sociedad vamos a tener que poder generar los lazos sociales de comprensión de estas muertes, vividas en este momento en una especie de anonimato, pero que nos pertenecen a todos como un proceso colectivo y que por lo tanto son duelos colectivos, más allá de cada una de las familias y más allá de cada uno de los parientes singulares.”
Estamos haciendo al andar y aún es difícil teorizar sobre algo que está sucediendo ahora en tiempo real. Probablemente en algunos años, con el diario de mañana, encontraremos algunas respuestas y efectos de todo lo vivido. Atravesar un duelo nunca es fácil y es una de las tareas más dolorosas que tenemos que hacer. Es un trabajo del que no podemos huir desde lo singular pero que la pandemia lo descubrió también en su necesaria dimensión colectiva. Será un proceso social el que nos permita producir nuevas formas de resignificar lo que estamos atravesando (A. Stolkiner). ¿Cómo? es una respuesta que debemos construir entre todos.


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