El especialista en delitos informáticos Aníbal Lazzaroni señaló que seis de cada diez alumnos relevados en establecimientos educativos provinciales atravesaron situaciones de acoso o mantuvieron contactos digitales con desconocidos. También afirmó que en Tierra del Fuego faltan campañas de prevención.

El reciente caso del hombre de 22 años que viajó desde Buenos Aires a Ushuaia e intentó llevarse a una niña de 12 años del Colegio Integral de Educación Ushuaia (CIEU) volvió a poner en primer plano los riesgos que enfrentan niños y adolescentes en los entornos digitales.
El imputado ya había sido denunciado por los padres de la menor debido a contactos que mantenía con ella a través de redes sociales. La investigación permitió establecer que el vínculo se había prolongado durante varios meses y que el hombre habría viajado a la provincia para encontrarse personalmente con la niña.
A partir de este episodio, el especialista en grooming y otros delitos informáticos Aníbal Lazzaroni, profesor en Investigación Criminal y director de Prevención del Delito en Tierra del Fuego, fue consultado por la prensa sobre el crecimiento de estas conductas.
‘‘La dimensión del problema es mayor de lo que la gente supone. Esto es algo que uno viene planteando todos los años respecto a la violencia digital pero no se trabaja. En Tierra del Fuego lamentablemente vamos con la zanahoria adelante del burro porque no hay políticas públicas específicas ya que nunca tuvimos campañas contra el grooming’’, recalcó.
Para Lazzaroni, la prevención no puede limitarse a intervenciones aisladas cuando los hechos ya ocurrieron. Consideró indispensable trabajar de manera sostenida con la comunidad y, especialmente, con los padres, para que puedan reconocer los riesgos y acompañar a sus hijos en el uso de la tecnología.
Contactos cada vez más tempranos
Uno de los datos que más preocupan al especialista es el descenso en la edad de los niños que reciben contactos de personas desconocidas. Según explicó, ya existen denuncias que involucran a menores de seis y siete años, mientras que también se registran situaciones que afectan a adolescentes de entre 16 y 18 años. Y aclaró que no se trata únicamente de niñas, sino que los varones también son víctimas de estas conductas.
De acuerdo con relevamientos que ha realizado en establecimientos educativos de la provincia, seis de cada diez alumnos habrían atravesado situaciones de acoso o mantenido contactos digitales con personas desconocidas. Se trata de una cifra que, según señaló, refleja la extensión de una problemática que muchas veces permanece fuera del conocimiento de los adultos.
Otro dato aportado por el especialista se refiere a la creencia general de que los ciberdelincuentes son hombres: “Eso no es así. Hubo cambios en el perfil de quienes intervienen en estas redes de captación. Los datos revelan que más del 35% de las personas que se identifican en estas actividades son mujeres”.
Celular y responsabilidad
Lazzaroni consideró que la prevención comienza mucho antes de que aparezca un contacto sospechoso. Por eso, cuestionó la entrega de teléfonos con acceso irrestricto a internet a niños que todavía no cuentan con herramientas para reconocer situaciones de riesgo.
‘‘No se trata de prohibir, se trata de poner límites’’, sostuvo. Como ejemplo, mencionó una medición realizada en escuelas provinciales, según la cual alumnos de quinto y sexto grado registraban hasta 72 horas semanales de uso del celular.
El especialista planteó que los dispositivos deben adecuarse a la edad de cada chico, con aplicaciones y accesos restringidos y diferenció el uso de herramientas educativas específicas, destinadas a actividades de estimulación y aprendizaje, de la navegación libre por plataformas de videos, redes sociales y juegos en línea.
A modo de prevención, Lazzaroni explicó que si bien los niños más pequeños pueden desarrollar habilidades para manejar aplicaciones o videojuegos, todavía no cuentan con la madurez necesaria para comprender los riesgos de interactuar con desconocidos. Por eso, recomendó que los padres no se limiten a controlar el tiempo de pantalla, sino que conozcan los contenidos que consumen sus hijos y las personas con quienes se comunican.

Especialista en delitos informáticos Aníbal Lazzaroni.
Por eso, recomendó a los padres mantener un diálogo permanente con sus hijos, conocer los videojuegos y las redes que utilizan, revisar las condiciones de privacidad y prestar atención a cambios de conducta o situaciones que les generen temor, vergüenza o angustia.
La prevención, insistió, no consiste solamente en restringir el acceso a la tecnología, sino en acompañar a los chicos, explicarles que no deben compartir imágenes ni datos personales con desconocidos y transmitirles que pueden pedir ayuda ante cualquier conversación o propuesta que los incomode.
El profesor advirtió también a los padres que los groomistas no se darán por vencidos, en muchas ocasiones, ni aún cuando hayan sido bloqueados. Buscarán mantener el contacto con sus víctimas mediante distintos perfiles y aplicaciones, por lo que la atención debe ser constante y sostenida en el tiempo.
Cómo logran la confianza
Uno de los aspectos centrales de los conceptos aportados por Lazzaroni tienen que ver con la forma en que los agresores construyen el vínculo con los menores. A diferencia de lo que suele suponerse, el acercamiento no comienza necesariamente con una propuesta sexual explícita ni con una amenaza. En muchos casos, el primer paso consiste en establecer una relación aparentemente inocente, a partir de intereses compartidos.
‘‘Primero es el contacto a través de una afinidad. El groomista va a tratar de captar a sus víctimas, por ejemplo, a través de los videojuegos en línea. Ese es un espacio utilizado con frecuencia para lograr el acercamiento. El adulto puede presentarse como alguien que conoce el juego, ofrece ayuda para superar niveles, conseguir recompensas o aprender estrategias. De esa manera, genera confianza y logra que el niño lo identifique como un compañero o alguien dispuesto a ayudarlo.
Con el tiempo, esa relación puede trasladarse a conversaciones privadas y dar lugar a pedidos de información personal, fotografías o videos íntimos. En otros casos, el agresor ofrece monedas virtuales, beneficios dentro del juego u otras recompensas a cambio de imágenes de contenido sexual’’.
Finalmente, el experto criminalista reiteró: “La situación es mucho más dura de lo que pensamos”.