Encontrar un lugar en el fin del mundo

En el lenguaje popular el duelo está asociado solo a la muerte, pero en psicología el duelo está relacionado con la pérdida y cómo afrontamos la vida para adaptarnos a ella.
El duelo migratorio es el proceso de elaboración de las pérdidas asociadas al hecho de cambiar de lugar de residencia, no necesariamente fuera del país, sino incluso de una región a otra del mismo país.
Cuando hablamos de migrantes, es frecuente asociarlo sólo a aquellas personas que abandonan su país de origen para dirigirse a otro en el que mejorar sus condiciones de vida, pero esto implica dejar de lado un fenómeno migratorio que afecta a más de 740 millones de personas.
Los desplazamientos internos son aquellos en los que las personas se trasladan a otro lugar dentro de su país de origen. La migración se da cuando el lugar adonde se traslada la persona está lo suficientemente distante y por un tiempo suficientemente prolongado como para que implique vivir en otra cultura, desarrollando en ella las actividades de la vida cotidiana, lo que conlleva implícito un cambio del medio externo en la continuidad del desarrollo personal.
La migración, aunque sea voluntaria, es un proceso de cambio y pérdidas y pondrá en marcha todos los mecanismos implicados en el proceso de duelo, reactivándo otros duelos anteriores y sentimientos depresivos.
En la Argentina son pocas las familias que no tienen un miembro, alguien conocido o de su comunidad, que haya migrado o quiera hacerlo. John W. Berry, psicólogo canadiense, indica que hay dos tipos de factores que llevan a las personas a migrar: los que repelen (“push”) y los que atraen (“pull”). Las razones por las que una persona decide dejar su tierra pueden ser personales, familiares, laborales, políticas, económicas, bélicas, religiosas, de salud, por desastres naturales e incluso porque corre peligro su vida y son push (expulsados). En cambio, el prestigio de estudiar en universidades reconocidas, las oportunidades de crecimiento personal y laboral, el querer nuevas experiencias, son motivos por los que un lugar convoca a migrantes, y son pull (atraídos). Pero siempre el principal motivo para migrar, es encontrar una mejor calidad de vida, buscar el bienestar y/o el de sus familias.
En cualquier caso, es embarcarse en un proyecto que implica dejar atrás familia, amigos, cultura e inevitablemente implica un trabajo personal de preparación, padecimientos, incertidumbres, tristezas, añoranzas, angustias, para en el mejor de los casos lograr la adaptación. Puede que el proceso culmine en éxito o en patología, pero lo cierto es que nadie lo atraviesa sin marcas. Se ponen en juego los recursos y estrategias de adaptación de cada uno y se movilizan emociones intensas, desafiando la capacidad de resiliencia de quien lo transita. Recordemos que resiliente es aquel que habiendo atravesado una situación crítica logra, no solo no ser abatido por ella, sino salir de la misma fortalecido
Es un proceso que modifica y trastoca todas las áreas de la vida de una persona. Son muchos los estresores que atraviesa quien deja su tierra: su cotidianeidad cambia y pierde sus referentes afectivos y culturales.
Esta experiencia de cambio obliga a la persona a trabajar en dos direcciones: la adaptación a lo nuevo desconocido y el procesamiento de la perdida. Cada proceso de duelo es diferente, y el logro de estos objetivos se verá influenciado por características personales como las condiciones de la migración, el destino, el apoyo familiar y social, si se hace solo o en familia, la edad, etc. A veces ocurre que se produce una “pseudointegración”, por la que de cara a la sociedad la persona aparece perfectamente integrada pero que sin embargo en su privacidad, sufre mucho.
Los que quieran ayudar a quien migra deberán prestar especial atención a los factores de vulnerabilidad que puedan marcar el proceso de migración y de vida de la persona, procurando siempre entender que el duelo migratorio es un proceso muy peculiar:
– Es un duelo múltiple porque durante la migración no hay una perdida única, sino que se dejan atrás muchas cosas (familia, amigos, idioma a veces, costumbres, nivel social…etc.).
– Es un duelo parcial porque a diferencia de las pérdidas por muerte, la pérdida no es irreversible. Esto lleva a emociones contradictorias marcadas por la nostalgia, con expectativas que rara vez se cumplen y con la fantasía de “tirar la toalla” con frecuencia.
– Es un duelo recurrente porque es una experiencia que se reactiva muy a menudo con cada retorno al lugar de origen.
Por eso para sostenerlo es importante tener en claro las razones por las que emigramos.
Para poder atravesar las inevitables crisis durante el proceso podríamos aplicar a las emociones turbulentas una vieja leyenda Cherokee:
Un hombre dijo a su nieto: “siento como si tuviera en el corazón dos lobos que se están peleando. Uno de ellos es violento, está siempre enojado, triste y queriéndose vengar. El otro está repleto de esperanza, perdón, compasión y amor”.
El niño le preguntó: “¿Cuál de los dos será el que gane la pelea?”.
A lo que el abuelo le respondió: “El que yo alimente”.


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