Está en nosotros

Cuando critico el populismo y digo que el Estado no debe ser grande, sino eficiente, y que debe acompañar a la inversión privada, soy un gorila oligarca.

Cuando digo que una intervención bélica estadounidense en Venezuela – con objetivos económica y explícitamente declarados – pone en riesgo la soberanía regional, soy comunista.

No.

Simplemente no concibo ser parte de la colonia sudamericana, del “patio trasero”.

Estamos asistiendo al fin del orden unipolar, donde el poder global se redistribuye. Estados Unidos, China y Rusia son actores centrales. Negarlo es infantil; romantizarlo, peor.

Mi postura no es antiimperialista: es realista.

Te puede ir bien o mal, pero sos argentino. Sudamericano. Periférico. Parte del patio trasero. Reconocelo.

Aunque no lo aceptes como destino.

Cuando veo que Venezuela reemplaza una dictadura interna por una tutela externa, bajo la lógica de “el que no se alinea, lo alineamos”, no puedo verlo como un avance para la región.

Argentina, Brasil y la integración regional tienen todas las condiciones para constituirse como un eje de poder propio. El problema es que seguimos discutiendo a quién obedecer mejor, en lugar de cómo dejar de obedecer.

La verdad incómoda es que ni a los estadounidenses, ni a los chinos, ni a los rusos les importamos demasiado. Les importan nuestros recursos naturales, esos que cuidamos mal y que administramos peor.

Todo empieza por nosotros.

Por dejar de creernos incapaces.

Por salir de la mediocridad aceptada y la autodecepción crónica.

Solo nos volvemos nacionalistas con Messi o Colapinto.

Mientras tanto, disfrazamos a nuestros hijos en Halloween y compramos basura importada en Temu creyendo que eso es progreso.


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