Ante el impacto internacional de la alerta sanitaria por hantavirus.
Mientras especialistas descartan de plano que los contagios detectados en un crucero hayan tenido origen en Tierra del Fuego, crece el reclamo para que autoridades turísticas salgan a fijar una posición pública ante un señalamiento internacional que podría impactar en la próxima temporada.

La inesperada vinculación de Ushuaia con una cadena de contagios letales de hantavirus detectada a bordo del crucero MV Hondius abrió en las últimas horas un escenario de preocupación que trasciende ampliamente el plano sanitario.
Mientras medios internacionales continúan mencionando a la capital fueguina como el último puerto desde donde zarpó la embarcación antes de que se confirmaran los casos, en Tierra del Fuego crece la expectativa respecto de un pronunciamiento oficial por parte de los funcionarios que encabezan las áreas vinculadas al turismo, la actividad portuaria y la promoción internacional del destino.
La preocupación no es menor.
En una provincia donde la actividad turística se consolidó como uno de los principales motores económicos ante la marcada retracción del sector industrial, cualquier señal de alerta sanitaria —aun cuando carezca de sustento científico— puede transformarse rápidamente en un factor de desaliento para potenciales visitantes y operadores internacionales.
La inquietud se acentúa porque el episodio irrumpe en momentos en que numerosos turistas de distintas partes del mundo comienzan a definir sus viajes para fin de año y para los primeros meses de 2027, período que coincide con la temporada alta fueguina y con el pico de operaciones de cruceros antárticos.
En ese contexto, voces del ámbito local consideran indispensable que las autoridades provinciales y nacionales salgan a aclarar públicamente que no existe evidencia alguna que permita asociar a Ushuaia con el origen del brote.
Especialistas de la salud pública ya fueron categóricos al respecto, mientras que el médico especialista Rubén Rafael, aseguró que Tierra del Fuego “es una zona libre de hantavirus” y explicó que no existen registros de circulación autóctona de la enfermedad en la provincia.
Según detalló, aunque geográficamente forma parte de la Patagonia, la isla presenta una condición epidemiológica diferenciada.
El estrecho de Magallanes constituye una barrera natural que históricamente ha impedido el asentamiento del ratón colilargo vector del virus.
Si bien en Ushuaia, como en cualquier ciudad, existen ratas y ratones comunes, ninguna de esas especies transmite hantavirus.
Los pocos casos atendidos en Tierra del Fuego, remarcan los especialistas, siempre fueron importados, es decir, pacientes que adquirieron la enfermedad en otras provincias patagónicas y desarrollaron síntomas una vez ya instalados en la isla.
Bajo esa premisa, la hipótesis de que el contagio se haya originado en Ushuaia aparece desprovista de sustento técnico.
Más aún teniendo en cuenta que, según trascendió, entre los pasajeros embarcados había personas provenientes de 23 países distintos, algunas de las cuales podrían haber llegado ya infectadas y cursando el período de incubación, aún sin manifestar síntomas.
Otra posibilidad planteada por expertos es que algún roedor portador haya abordado la embarcación en escalas previas realizadas en puertos continentales.
En este marco, también genera interrogantes la difusión del envío por parte del Gobierno nacional, de especialistas a Ushuaia para detectar posibles roedores transmisores.
Para algunos observadores locales, ese tipo de medidas podría interpretarse internacionalmente como una validación implícita de una teoría que ya fue descartada por referentes médicos de la provincia.
El asunto adquiere además una dimensión económica sensible: este año, el puerto de Ushuaia quedó bajo intervención nacional, por lo que buena parte de los ingresos generados por el amarre de cruceros y operaciones vinculadas a la actividad quedan bajo órbita del Gobierno central, a quien el tema terminaría por explotarle en las manos.
Lo cierto es que una eventual merma en recaladas o cancelaciones no solo impactaría en el comercio, la hotelería, la gastronomía y los servicios turísticos fueguinos, sino también en la propia recaudación derivada del movimiento portuario, se la lleve quien se la lleve.
Con la temporada de verano en el horizonte, la ciudad observa con atención el desarrollo del caso.
Y en medio de un escenario donde la percepción internacional muchas veces pesa tanto como los hechos comprobados, crece la demanda para que quienes tienen responsabilidad institucional asuman un rol activo en la defensa pública de Ushuaia como destino seguro. Por ahora solo hay silencio. ¿Alzará alguien la voz en defensa del destino?