Falleció la poetisa Anahí Lazzaroni

A LOS 61 AÑOS DE EDAD

Los últimos días de marzo despojaron a Tierra del Fuego de una de sus poetisas destacadas. Aunque nació en la ciudad de La Plata transcurrió desde muy pequeña su vida en el otrora Territorio Nacional, constituyéndose en fueguina por adopción. De perfil bajo, Anahí Mónica Lazzaroni dedicó su existencia a reflejar en la letra escrita todo aquello que la fascinó desde chica y que veía a través del cristal de su casa paterna ubicada en la calle Campos, entre Rivadavia y Godoy, del pequeño poblado de la Ushuaia de los 50.
Anahí supo sobreponerse a las adversidades que la salud le planteó desde su llegada al mundo pero eso no fue motivo para trabajar sus talentos, encontrando en el arte literario, reconocido a nivel provincial y nacional, la manera de realizarse y perpetuarse.
La artista fueguina logró dar a conocer su trabajo en libros que la tuvieron como única protagonista y también en espacios en los que compartió el difícil camino de la poesía con otras cultoras del arte. Uno de ellos fue el encuentro “Modelo para armar: 62 voces de la poesía argentina actual, en donde dio a conocer varias de sus obras junto a otras destacadas poetisas del país.
Sorprende que poco se supiera a nivel local, a modo de confirmación de la sabiduría del refrán que reza “nadie es profeta en su tierra”, que algunos de sus trabajos, como Dibujos (Ediciones Revista Aldea, 1988), A la luz del desierto (Último Reino, 2004), El viento sopla (El suri porfiado, 2011), entre otros, hayan sido traducidos al catalán, coreano, francés, inglés, italiano y portugués.
El miércoles 27 de marzo y a los 61 años de edad, Anahí se fue para siempre. Su voluntad fue que sus restos no fueran velados y que sus cenizas se esparcieran al cielo, para volar al fin libre de las limitaciones físicas que la afligieron en vida.
Su hermana Alicia, también figura reconocida del arte fueguino, se refirió así a ella:
“Anoche, en tan solo un minuto, mi hermana se fue de este mundo. Una hermana que me costó años aceptar, porque tal vez no fue la esperada y antes no se hablaba de estas cosas, pero que con el tiempo aprendí a querer y fue seguramente la mejor que pude tener. Estaba muy enferma, con pocas fuerzas. Me dejó mucho, su valentía, su creatividad, sus poemas, sus libros, su humor, la mágica atmósfera que perdura entre sus enseres cotidianos, sus papeles y anotaciones.
Un rayo de sol de otoño ilumina hoy su recuerdo.
Tristeza, tristeza y paz”.


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