
Hoy nos es cada vez más difícil discernir entre ficción y realidad y, peor aún, cada vez nos importa menos. Estamos viviendo una revolución en la historia de la humanidad sin precedentes mientras los argentinos estamos mirando Gran Hermano.
Normalizamos cambios en nuestras vidas con una velocidad aterradora, como por ejemplo: ya casi no usamos dinero en efectivo y nunca nos dimos cuenta cuándo empezó. Esta inclusive podría ser una nota titulada “¿Sabías que…?”, pero prefiero contarte dónde estamos parados y, si no te da miedo, susto o terror, para dónde vamos.
Primero, dónde estamos parados. No solo estamos en un huracán tecnológico que ya afecta de forma directa la vida de los individuos, sino que también, como en todo huracán, vuelan cosas para todos lados. Capaz te comés un ladrillazo en la frente en forma de estafa, robo o uso de tu identidad, entre otras calamidades.
En esta revolución, mientras los melones se acomodan solos en el carro, Argentina ocupa un lugar de privilegio frente a las grandes potencias que se disputan a ver quién tiene la IA más grande.
Tenemos talentos. Fueron formados en las trincheras de las crisis económicas haciendo grandes cosas con lo poco que había y son talentos que, solo con ideas y herramientas al alcance de cualquiera, están haciendo la diferencia en el mundo. Ignacio Copani tenía razón: “Lo atamo con alambre”. Eso es lo que nos hace únicos en el mundo.
Con formación pública y gratuita y con ingenio, Argentina exporta en silencio la mayor cantidad de unicornios de la región. ¿Qué es un unicornio? Se le dice así a una empresa joven que todavía es privada (no cotiza en la bolsa) pero que ya vale millones de dólares debido a su enorme éxito y potencial de crecimiento. En su mayoría son compradas antes de nacer por empresas extranjeras más grandes y, casualmente, de afuera de Argentina. El gran unicornio argentino, por ejemplo, es Mercado Libre.
Ahora bien, también tenemos un gran problema. El 75% del argentino promedio no usa inteligencia artificial o solo la usa como un buscador parlante o para hacer fotos graciosas.
El rechazo al uso de las herramientas de IA para labores específicas es categórico. Esa postura está segmentada en: jóvenes que no les dan importancia salvo que les sirva para salir del paso (teléfono para el sistema educativo) y adultos con una negación ante lo evidente, fieles al terraplanismo de la primera hora, que los lleva a verla como a la luz mala o amiga de las cosas de Mandinga. A quienes están en esta categoría se los suele escuchar decir: “¡A mí no me vengan con cosas raras…!”
El primer temor que surge es que te reemplace, que te deje sin trabajo, que quedes obsoleto y no te hayas dado cuenta. En ciertos rubros eso ya está pasando, pero como las balas no pican cerca, lo vemos como problemas del primer mundo. Lo concreto es que la taquigrafía y la estenografía (carreras que se estudiaban en el colegio secundario no hace tantos años) desaparecieron de las aulas sin siquiera decir adiós. Solo desaparecieron. ¿Por qué entonces no habrían de desaparecer otras carreras u oficios para ser reemplazados por tecnología?
¿Y entonces qué hacemos? Voces autorizadas como Santi Siri y Santiago Bilinsky (buscarlos en YouTube) sostienen que la inteligencia artificial solo te va a reemplazar si no sabés usarla, y que en realidad funciona como una extensión más de tus brazos para que sea verdad eso de `trabajar a cuatro manos’, con mayor velocidad y mejor calidad en menos tiempo. Conclusión: aprendés a usarla o te caés del sistema.
Y ahora, con toda esta información, ¿para dónde vamos?
Comencemos por no matar al mensajero. Lo que está a la vuelta de la esquina se denomina AGI. La AGI (Inteligencia Artificial General) es, en palabras simples, una inteligencia artificial que puede aprender y realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano pueda hacer.
Por otro lado, estamos ante la integración veloz de la robótica. NEO 3, por ejemplo, es un robot humanoide capaz de realizar cualquier tarea doméstica que le pidas. Puede cargar hasta 170 kg y se perfila como la opción por excelencia en el cuidado de adultos mayores. Este robot estableció además un nuevo paradigma de uno de los pilares de la nueva economía mundial y asentó dos nuevos sistemas económicos y sociales.
Primero: estableció a nivel mundial el tope máximo que puede ganar una empleada o empleado doméstico: 400 dólares. Esto asentó un precedente mundial sobre cómo se comenzará a regular el salario.
Y, por otra parte, hay un gran impacto social: en el 70% de los rubros ya nada va a ser de tu pertenencia porque vas a tener que pagar una suscripción para tener lo que querés.
Es decir, en el caso de NEO 3, no será nunca de tu propiedad porque no está a la venta; para tenerlo vas a tener que pagar 400 dólares por una suscripción al servicio. Y entonces te enviarán el robot a tu domicilio. En buen criollo: solo lo podés alquilar.
Repercusión social. Ahora nada te pertenece, todo se va a obtener mediante licencias de uso. Como dato de la realidad se puede destacar que todo el espectro de las comunicaciones ya se hace de forma online y no física (como, por ejemplo, este texto está hecho en Word Online), y porque además, no quiero el paquete defice en mi PC ocupando espacio. Tu realidad inmediata es que vas a tener que pagar una suscripción para todo, como hoy lo hacés con las plataformas de películas.
Segundo: los otros pilares económicos van a ser las monedas desreguladas como Bitcoin, que serán la versión digital argentina de guardar plata debajo del colchón. La economía digital dominada por monedas digitales será la norma y no la excepción a la regla.
Tenemos generaciones de jóvenes ludópatas pasivos y activos y jóvenes adultos adictos a los opioides. Es el mismo efecto que provoca en el cerebro deslizar con el dedo la pantalla del celular en búsqueda de endorfina y la búsqueda de validación mediante sus publicaciones. Y lo mismo ocurre en juegos para celulares “gratuitos”.
Por suerte para nosotros, siempre seremos sobrevivientes del mundo por nuestra cualidad única. Es sabido que un argentino con una idea es más peligroso que cualquier imperio o nación. Nuestro ingenio sale de la necesidad. ¿No pensás que mientras todo está mal a tu alrededor sos irrompible?
Después de haberme comportado como una suerte de Parravicini de la tecnología, debo decir que los adultos debemos dejar de decir, como mi abuela, “con la tecnología no me llevo”, como si la tecnología fuera una persona. Entender que, si sos bueno para algo (con o sin título), vas a poder explotar tu talento y también que, si no la adaptás a tu trabajo, vas a quedar fuera porque ya existen los agentes de inteligencia artificial que cumplen la labor de un equipo entero.
Esto es como el cinturón de seguridad: está todo bien, hasta que está todo mal.
Hacé algo antes de que te pase a vos.
* Productor Multimedia.
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