El juez Bembihy Videla, en un proceder atípico e inconsulto con sus pares, permitió a los testigos que pudieran leer lo que declararon en 2022, en la etapa de instrucción, antes de testimoniar ante el Tribunal.
El lunes último se desarrolló la segunda jornada del juicio oral y público que tiene como imputado a un integrante del Poder Judicial fueguino, el relator suspendido en sus funciones, abogado Marcelo Guzmán. Está denunciado por su ex esposa Carla Kirstein por violencia de género en una causa controvertida y escandalosa que se remonta al año 2022 y que recién llegó a la instancia de debate en 2026.

El relator suspendido del Superior Tribunal de Justicia, Marcelo Guzmán —y ex colaborador directo del juez Ernesto Löffler—, se volvió a mostrar impasible durante la segunda jornada del juicio en el que está imputado por “lesiones graves agravadas por el vínculo”. A su lado, su defensor, el abogado penalista Gabriel Ortega.
La audiencia de este lunes en el juicio contra Marcelo Guzmán, relator del Superior Tribunal de Justicia de Tierra del Fuego, tuvo como uno de sus aspectos más llamativos una sugestiva decisión del presidente del Tribunal, Rodolfo Bembihy Videla: ante las diferencias entre los testimonios que se escuchaban en la sala y las declaraciones prestadas durante la instrucción en 2022, ordenó que el secretario Federico D’Alessandro acercara el expediente a cada uno de los cinco testigos citados, para que pudieran leer lo que dijeron hace cuatro años atrás.
La decisión se adoptó con el perito médico forense Eric Manrique, las instructoras de Pilates y amigas de la denunciante Carla Kirstein, Nilda Nelly Brúa y Alejandra Patricia Strina, y los traumatólogos Mario Alejandro Lorenz y Diego Montoya. Todos terminaron ratificando sus declaraciones anteriores, aunque no sin algunos episodios que expusieron importantes diferencias entre lo que sostenían en ese momento y lo dicho ante el juez de instrucción Javier de Gamas Soler, en 2022.
Cabe destacar que el punto central del debate es el origen de la lesión en el hombro de Kirstein, un cuadro conocido como SLAP que ella atribuye a un episodio ocurrido el 13 de junio de 2021, cuando sostiene que Guzmán la empujó en la cocina de la vivienda que compartían. El acusado niega esa versión y afirma que la lesión se habría producido en 2007, en Córdoba, durante un episodio violento con la anterior pareja de Kirstein, la que por su tipo, le causó secuelas permanentes.

Ante el Tribunal, los traumatólogos Mario Lorenz y Diego Montoya. Lorenz dijo no recordar haber atendido a Carla Kirstein y se remitió a su declaración de 2022. Montoya, en cambio, se refirió a un informe en el que calificó el cuadro como “atraumático”. Ante una pregunta de la defensa, explicó el motivo: “Ella me dijo que no se había golpeado”.
En ese contexto, el defensor Gabriel Ortega consultó a Manrique sobre un informe del traumatólogo Diego Montoya, fechado el 19 de mayo, que registraría una consulta de Kirstein por dolor en el hombro antes del episodio denunciado. Ante la pregunta, el perito respondió de manera imprecisa: “No recuerdo. Sí la de mayo o junio…”. Fue entonces cuando Bembihy Videla dispuso que se le acercara el expediente para que leyera su declaración anterior.
La situación volvió a repetirse con Strina, quien dijo conocer a Kirstein desde 2018. Durante su testimonio introdujo tres elementos que no coincidían con su declaración previa: ubicó a otra alumna de Pilates en una situación en la que antes había dicho que no estaba presente; sostuvo que nunca había visto a Kirstein con Guzmán, y afirmó que su amiga le había contado que su marido la había tirado por una escalera y golpeado en el suelo, algo que no dijo en su declaración de 2022.
Bembihy Videla ordenó nuevamente que le acercaran el expediente. Después de leerlo, Strina manifestó que iba a ratificar lo que había declarado cuatro años atrás, con lo que se desdijo de lo que acababa de sostener en la audiencia. “Me debo haber ido enterando después”, se la escuchó decir al retirarse.

En primer plano, el perito médico forense Eric Manrique. Detrás, el Tribunal Oral en lo Criminal, presidido por el juez Rodolfo Bembihy Videla, quien dispuso unilateralmente que los testigos leyeran sus declaraciones de 2022 ante las reiteradas contradicciones entre aquellos testimonios y los que brindaban en el juicio.
Brúa, por su parte, afirmó que era amiga de Kirstein desde hacía “un poco más de 10 años” y recordó haberla visto con un cabestrillo durante una clase de Pilates posterior a la pandemia. Según relató, Kirstein y la profesora le habían explicado que se había golpeado o caído y que tenía dolor por una tendinitis. El presidente del Tribunal volvió a disponer que le acercaran las actuaciones para que leyera su declaración anterior. En ese tramo intervino por primera vez el juez Alejandro Pagano Zavalía, quien le preguntó detalles sobre cuándo había visto a Kirstein con el cabestrillo.
Finalmente, fueron convocados los traumatólogos Montoya y Lorenz. Una vez más, Bembihy Videla pidió que les acercaran sus declaraciones de 2022. En medio de la situación, y mientras se sonreía, el magistrado se dirigió a la fiscal Paula Schaposnik con una frase que sintetizó el argumento utilizado para justificar el procedimiento: “¡Es que si no no van a saber sobre qué les estamos preguntando…!”. Tras varios minutos de lectura, ambos médicos ratificaron sus declaraciones anteriores y explicaron pormenores técnicos de las patologías de hombros.
Fue en uno de los ásperos intercambios con el abogado defensor Ortega cuando el presidente del Tribunal explicitó otra justificación para recurrir a la lectura de las declaraciones de la instrucción, permitidas por él: “¡Doctooor… esto ocurrió hace cuatro años…!”. La frase dejó planteada una contradicción difícil de soslayar. El tiempo transcurrido desde los hechos fue invocado por el juez para explicar la necesidad de que los testigos consultaran sus dichos, sin hacer un mea culpa porque precisamente ese mismo lapso implica la responsabilidad que tiene la Justicia fueguina de abordar en juicio recién en octubre de 2026 una denuncia planteada en agosto de 2022.
La demora en esta y tantas otras causas judiciales, es una de las críticas recurrentes al funcionamiento de los tribunales fueguinos, cuya mansedumbre termina por permitir la prescripción de todo tipo de delitos, ante la falta de diligenciamiento en tiempo y forma, como se espera de un Poder cuyo presupuesto es uno de los más altos del país en relación a la población sobre la que debe impartir Justicia.