Intoxicación de turistas apunta a dos barcos que atracaron en Ushuaia

El puerto de Ushuaia otra vez en el centro de versiones confusas. En abril, presuntos ratones con hantavirus – versión descartada en junio – y ahora, una presunta intoxicación alimentaria.

Los pasajeros arribaron a Ezeiza en tres vuelos de Aerolíneas Argentinas y recibieron asistencia médica en el aeropuerto. Algunos medios nacionales vincularon el episodio con el crucero Roald Amundsen, pero la grilla portuaria abre interrogantes: esa embarcación ingresó a Ushuaia el 1 de noviembre, pero horas antes habían zarpado otros tres buques.

El crucero polar MS Roald Amundsen operado por la naviera HX Expeditions (anteriormente Hurtigruten Expeditions), aparecía así, sin actividad a la vista en balcones y cubiertas, durante a tarde del domingo último.

Un grupo de 15 turistas extranjeros fue asistido en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza luego de arribar desde Ushuaia con síntomas compatibles con una intoxicación alimentaria. El operativo sanitario se desplegó tras su llegada en tres vuelos de cabotaje de Aerolíneas Argentinas. Entre los afectados había pasajeros de nacionalidades francesa, alemana, australiana y noruega.

Personal de Sanidad aeroportuaria les realizó controles médicos y les proporcionó hidratación. Ocho de ellos requirieron medicación, aunque ninguno presentó un cuadro de gravedad ni necesitó ser trasladado a un centro hospitalario.

Según trascendió, los viajeros habían completado una travesía marítima en Tierra del Fuego y luego regresaron a Buenos Aires por vía aérea. Algunos habrían referido que durante el recorrido consumieron viandas que contenían pollo y atún, por lo que una posible intoxicación alimentaria se convirtió en una de las principales hipótesis sobre el origen de los síntomas.

Sin embargo, hasta el momento no se informó oficialmente qué embarcación transportaba al grupo ni dónde se habrían consumido los alimentos que podrían haber provocado el cuadro. En algunas publicaciones periodísticas nacionales se mencionó al crucero noruego Roald Amundsen, de la compañía HX Hurtigruten Expeditions, que pudo verse amarrado en el puerto de Ushuaia durante el domingo último.

Pero la información de los movimientos portuarios introduce un dato que no coincide con esa primera versión. La grilla correspondiente al 31 de octubre registra la partida de tres embarcaciones de pasajeros: el Nat Geo Explorer, de Lindblad Expeditions, que zarpó a las 21; el Fridtjof Nansen, de HX Hurtigruten Expeditions, que dejó el muelle a las 20; y el Stella Australis, de la compañía chilena Australis, que partió a las 19.45.

En cambio, el ingreso del Roald Amundsen al puerto fue registrado recién el 1 de noviembre. Es decir, no aparece entre los buques que zarparon el día anterior, cuando habrían concluido su recorrido marítimo los turistas que posteriormente fueron asistidos en Ezeiza.

Hay, además, otro aspecto que resulta difícil de explicar: ¿cómo es posible que, con 15 pasajeros identificados y asistidos en el aeropuerto, todavía no se haya precisado de qué embarcación desembarcaron? Es razonable suponer que los propios turistas pudieron aportar ese dato, que resulta básico para reconstruir el itinerario y determinar dónde pudieron haberse consumido los alimentos sospechados. Sin embargo, pese a las referencias difundidas sobre el episodio, el nombre del barco sigue sin aparecer con claridad en la información pública conocida hasta ahora.

La falta de precisiones vuelve a colocar al puerto de la capital fueguina en el centro de versiones confusas. En abril pasado, trascendieron versiones sobre la presunta presencia de roedores portadores de hantavirus en una embarcación, una hipótesis que fue descartada en junio y que, mientras circuló, provocó un importante perjuicio para la imagen de Ushuaia. Ahora, un episodio de posible intoxicación alimentaria vuelve a generar interrogantes sobre lo ocurrido durante una travesía marítima y, sobre todo, sobre la falta de información precisa para identificar a la embarcación involucrada.

La diferencia de fechas no permite establecer por sí sola cuál fue el barco en cuestión, pero sí plantea la necesidad de aclarar de dónde provenían los pasajeros y en qué tramo del recorrido pudieron haber estado expuestos al alimento sospechado.

Hasta el cierre de esta edición, no se había difundido información oficial en Ushuaia que permitiera identificar al buque, a la empresa responsable del servicio de alimentación o al eventual proveedor de las viandas. Tampoco hubo una comunicación de las autoridades locales a la prensa para aclarar lo sucedido, pese a que el episodio ya había trascendido a medios nacionales.


Edición:  Diario Prensa

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