La batalla que pudo cambiar el destino de las Malvinas

Cuando se habla de la cuestión Malvinas, muchos olvidan un singular episodio que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial y que pudo desencadenar que las Islas fueran recuperadas por la República Argentina mucho tiempo antes que se activara el reclamo que fue coronado en 1965 cuando la diplomacia argentina logró la resolución 2065 en la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue un conflicto bélico que enfrentó a las principales potencias de Europa a la que se sumó más adelante la decisiva participación de los Estados Unidos de América. Pero mientras las miradas del planeta privilegiaban el gran escenario del viejo mundo, en las recónditas márgenes del Atlántico Sur, se iba gestando un enfrentamiento naval de proporciones antológicas: la Armada Alemana daría un golpe maestro a la flota inglesa, que hasta ese momento, no había sido derrotada en más de un siglo.

La batalla naval de las Islas Malvinas

Cuando comenzó la guerra, la flota alemana conducida por el almirante Maximilian Von Spee se encontraba en el Pacífico rondando la Isla de Pascua con el objetivo de operar las costas del continente americano. Valparaíso fue seleccionada entonces como uno de los núcleos de abastecimiento. Tanto la Chile del liberal Ramón Barros Luco como la Argentina del conservador Victorino de la Plaza, mantenían su neutralidad. Ambas naciones tenían sobradas causas para estarlo: mientras los chilenos experimentaban un comprensible temor a perder el lucrativo negocio del salitre (fundamental para la elaboración de explosivos), Argentina lo hacía con el acuerdo de todos los contendientes, para que “el granero del mundo” no altere su comercialización de cereales. Hasta en una “guerra mundial” alguien debe alimentar a los soldados.
Por otro lado, una parte de la flota inglesa se encontraba instalada desde el inicio de la contienda en las Islas Malvinas, como apoyo y línea de contención de las acciones desatadas en el Atlántico Norte. Las Malvinas habían sido usurpadas por el Reino Unido en 1833 a la Confederación Argentina. Todo marchaba con tranquilidad para aquel equipo naval: Inglaterra era la reina de los mares y la joven Alemania no tenía tradición, equipamiento ni la experiencia suficiente para siquiera soñar con una lucha pareja.
Hasta que en octubre de 1914, la flota naval inglesa apostada en las Malvinas recibió la orden de zarpar hacia el Pacífico con el fin de destruir los barcos de guerra alemanes. La batalla tuvo lugar frente a la actual Octava Región chilena, el 1 de noviembre de aquel año con una histórica victoria para Alemania. Fue considerada un hito militar porque nadie podía creer que una armada relativamente moderna como la alemana, pudiera vencer a la mítica e imbatible flota inglesa.
Pero en lugar de dirigirse inmediatamente hacia las Islas Malvinas para tomar posesión de ellas y hacerse de un punto geoestratégico fundamental para controlar las vías marítimas hacia el Atlántico Sur (el principal motivo que había llevado a los Ingleses a usurparla en 1833), Von Spee, embriagado presumiblemente por el inesperado éxito, esperó tres semanas y recién el 25 de noviembre decidió rodear Puerto argentino (para ellos Port Stanley), tiempo suficiente para que la flota inglesa se rearmara y generara un cordón de protección sobre la zona.
Y el contragolpe inglés sería letal. Se sucedió entonces una segunda batalla naval, esta vez frente a las costas malvinenses, en la que los ingleses aplastaron a la flota alemana. La nave de Von Spee fue destruida, hundiéndose con el mítico almirante. Más de 1.800 alemanes encontraron la muerte ese día.

La alucinante travesía del SMS Dresden

Entre los cadáveres, el humo y las láminas de acero y hierro retorcidas, comenzaría un juego de gatos y ratones que inmortalizó la gran huída del escurridizo acorazado SMS Dresden, única nave alemana sobreviviente del ataque inglés, la que al mando de su capitán Lüdecke, conseguiría escapar de la feroz artillería británica, iniciándose una persecución marítima que fue motivo de sucesivas tapas en la prensa mundial de aquellos días.
El SMS Dresden emprendió su retirada en dirección a Tierra del Fuego, perseguido por los cruceros británicos obsesionados con la idea de destruir al último protagonista de la malograda flota del almirante Von Spee. La voz de mando británica no se cansaba de repetir hasta el hartazgo: ¡Destruyan el barco alemán! ¡Hundan al Dresden!
El capitán Lüdecke logró conducir la nave y guarecerse en la Bahía Orange, tomando un respiro provisorio en las frías y laberínticas costas fueguinas, cuyo rompecabezas territorial le permitía ganar unas horas vitales para intentar aprovisionarse de alimento, materiales de reparación y carbón. Desde Punta Arenas, rodeada por la flota británica, alemanes radicados en Chile ofrecieron ayuda, la que se debió entonces operar desde Puerto Porvenir, orientando al SMS Dresden por canales poco conocidos.
El SMS Dresden debía dirigirse a Oceanía para encontrar aliados. Averiado y desprovisto, su final parecía inminente. Sin embargo, hacia enero de 1915, en la madeja de fiordos fueguinos, aún se mantenía a flote. Cada hora de existencia del escurridizo acorazado alemán era considerada una burla hacia la Armada Británica. Hasta que al mediodía del 14 de marzo, un día como hoy, hace exactamente 104 años, el Dresden, uno de los barcos más famosos de la Primera Guerra Mundial, se hundía en aguas fueguinas.

Las Malvinas pudieron haber regresado a Argentina en 1918…

Quizá lo paradójico del episodio es que si Von Spee hubiese levado anclas inmediatamente después de derrotar a la Armada de Gran Bretaña frente a las costas de Chile en octubre de 1914 y hubiera emprendiendo veloz camino hacia las Malvinas asegurándose un ataque sorpresa y seguramente victorioso sobre las naves inglesas apostadas allí, Alemania hubiera tomado posesión de las Islas, motivo por el cual estaríamos en condiciones de pensar que otra podría haber sido la historia en cuanto a la cuestión Malvinas.
Porque terminada la Guerra y en los términos del controvertido y poco asumido acuerdo de Versalles, nada impide pensar que la Argentina pudiera reclamar a Alemania la posesión de las Islas, al tratarse de una potencia tan usurpadora como lo había sido el Reino Unido de Gran Bretaña.


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