Subasta de tierras de la Armada.


¿Puede el Estado Nacional desprenderse de una superficie estratégica ubicada dentro de una ciudad sin que previamente exista una instancia de planificación y concertación con la comunidad y las autoridades que deberán administrar las consecuencias urbanísticas de esa decisión?.
El destino de estas tierras, trasciende ampliamente una operación inmobiliaria. Puede afectar la densidad poblacional, servicios públicos, paisaje, patrimonio histórico, espacios verdes, acceso a la costa, equipamiento comunitario y crecimiento futuro de la ciudad.
La titularidad de la tierra puede ser nacional, pero su destino urbano es un asunto local y ello se debe decidir luego de una concertación en la que participen la Armada, el Municipio, la Provincia y la Nación. Esa instancia podría determinar, antes de vender, cuáles son las áreas efectivamente disponibles para desarrollo privado y cuáles deberían reservarse para espacio público, patrimonio, infraestructura y necesidades futuras de la ciudad.
No se trata de discutir solamente quién es el dueño de las tierras, sino quién debe participar en la decisión sobre su futuro.
Las tierras pueden pertenecer jurídicamente al Estado Nacional, pero forman parte territorial, ambiental, histórica y urbanísticamente de Ushuaia.
La propuesta del Estado nacional es: “vender primero y planificar después”.
Una decisión irreversible sobre su destino debería surgir de un proceso de planificación conjunta con las autoridades locales y la comunidad, antes de su transferencia al sector privado.
Es un hecho que el Municipio tiene derecho a planificar su propio territorio, independientemente de cualquier cuestión ideológica, porque no se trata de defender a un intendente ni de cuestionar a un gobierno nacional por su signo político. Se trata de defender un principio que debería ser permanente: que las decisiones capaces de modificar para siempre el desarrollo de una ciudad no puedan adoptarse sin la participación de quienes la habitan y de las autoridades elegidas para planificar su crecimiento.
Porque los gobiernos cambian pero las ciudades y las consecuencias de esas decisiones permanecen.