El valor de nuestra historia para proyectar el futuro.


Con motivo de un nuevo aniversario de nuestra querida Ushuaia, mi mirada viaja inmediatamente en el tiempo. Rememorar aquel 12 de octubre de 1884 no es solo repasar una fecha histórica en la que cumplimos 142 años; es reconocer la valentía de nuestras familias pioneras, el esfuerzo de quienes nos precedieron y la identidad de una comunidad que aprendió a construirse desde el esfuerzo, la solidaridad y el arraigo.
Hoy, afianzados en la solidez de nuestras tradiciones y con los pies bien firmes en nuestra historia, el mejor homenaje que podemos rendirle a Ushuaia no es conformarnos con el presente, sino asumir un compromiso firme sobre la ciudad que queremos dejarles a las próximas generaciones, pensando cómo nos imaginamos nuestra casa común dentro de 20 o 30 años.
En lo personal me imagino una Ushuaia ambientalmente sostenible, limpia y ordenada, capaz de garantizar la energía suficiente que tanto las familias como nuestro entramado productivo necesitan para crecer con tranquilidad. Debemos consolidar un modelo de desarrollo integral donde el turismo conviva, se potencie y crezca de la mano de la industria y la pesca, sin falsas antinomias, fortaleciendo cada motor de nuestra economía local.
Esa visión requiere decisión, convicción y soberanía: el Corredor del Beagle —la llamada Ruta del Atlántico— tiene que concretarse para extender el turismo y ocupar efectivamente nuestro territorio, potenciando una ciudad profundamente ligada al canal y orientada al desarrollo integrado hacia la Antártida. Es hora de dar un salto cualitativo e impulsar pequeños astilleros, centros de convenciones científicas de nivel internacional y exigir que esta vez, definitivamente, se concluya el Centro Logístico Antártico.
A la par, necesitamos refundar la potencia de nuestro puerto. Una vez que se haya superado la etapa de intervención, el puerto debe recuperar toda su vigencia estratégica con un nuevo muelle, porque entendemos que allí no solo reside un motor económico, sino la génesis misma de nuestra vida comunitaria y nuestro rol como capital de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.
A la par del desarrollo estratégico, quienes nos gobiernen deben dar respuestas concretas que promuevan la calidad de vida de nuestra gente. Es imprescindible levantar la voz para exigir la terminación del Hospital de Ushuaia y la reactivación y finalización de todas las obras de infraestructura que iniciamos durante nuestra gestión y que quedaron inconclusas o postergadas.
La obra pública no es un gasto: es el derecho a la salud, a la vivienda y a la dignidad de cada vecino.
La Ushuaia del futuro debe centrarse, ante todo, en sus jóvenes. Hay que garantizarles oportunidades reales de trabajo en su propia tierra, sobre la base de una educación pública sólida y continua donde los 180 días de clases vuelvan a cumplirse de manera innegociable como garantía de equidad, potencia transformadora y proyecto de vida para nuestros hijos.
También visualizo una capital provincial e indiscutible capital malvinera plenamente integrada, con mayor conectividad, planificación urbana y programas integrales de desarrollo que funcionen como un verdadero faro de progreso argentino proyectado hacia el Atlántico Sur.
Pero nada de esa modernidad ni del salto tecnológico hacia una smart city tendrá sentido si no cuidamos lo más valioso que tenemos: nuestra gente. La Ushuaia del futuro debe construirse con las puertas abiertas a nacionales y extranjeros, con inclusión social, justicia y sin dejar a ningún vecino atrás.
En este 142º aniversario es tiempo de celebrar lo que fuimos y lo que somos, la belleza inconmensurable de nuestros paisajes, de nuestra naturaleza y, por sobre todas las cosas, la fuerza y la dignidad de nuestro pueblo.
Sigamos aportando y trabajando con amor, convicción, arraigo y visión estratégica por la Ushuaia que soñamos y que definitivamente nos merecemos.