Miedo y coronavirus

Miedo y coronavirus

Mientras afortunadamente en nuestro país no crecen significativamente los casos positivos, a nivel mental crecen de manera exponencial en la población las crisis de angustia, fobias, adicciones, violencia familiar y ataques de pánico.

La prestigiosa psicóloga advierte que “muchísimos estudios demuestran que el miedo, las depresiones, el insomnio  o la ansiedad bajan nuestras defensas, haciéndonos más propensos a enfermar y/o dificultando o impidiendo la cura si nos contagiamos”.

A pesar de lo que tendemos a pensar, esta pandemia no es la primera que atraviesa la humanidad y de hecho en los últimos siglos se repite un fenómeno similar cada 100 años.

Lo que diferencia al Covid19 de las pandemias anteriores son dos factores: el primero es que es la primera enfermedad  global de la era digital y el segundo que en una era de mayor circulación de mercaderías y personas, una enfermedad se expande más rápido que en siglos anteriores.

Los psicólogos, que tenemos claro el poder curativo de la palabra, también conocemos su contracara, la posibilidad de enfermar, por eso instamos a fuentes oficiales y a periodistas a medir el impacto de las palabras “epidemia” o “pandemia” y sobre todo a no asociarlas a la idea de peste o destrucción de la especie humana. No unir tampoco coronavirus a adjetivos  como letal o fatal, estableciendo esa asociación en quien nos lee o escucha.

Propiciar un equilibrio entre informar sobre precauciones y generar miedo innecesario con carteles como “Urgente, Atención”, etc. para cada noticia que no lo es. Una de las medidas básicas de higiene mental para la población es regular en cantidad y sobre todo en calidad (buscando fuentes confiables) la información que reciben. Tanto la falta de información como su exceso incrementan el miedo. La tarea que tenemos por delante todos en distinta medida es generar conciencia sin aumentar el miedo.

Quienes no somos periodistas  deberíamos chequear lo que leemos y lo que trasmitimos. Las personas generamos y distribuimos, a veces sin pensarlo y hasta en afán de ayudar,  contenido falso, mitos acerca de cómo curar o prevenir la enfermedad, teorías conspirativas y paranoides. La desinformación impide atacar la enfermedad de un modo efectivo y genera confusión e ineficacia.

Para enfrentar el desafío de  comunicar sin minimizar pero tampoco generando ansiedad y pánico, es útil definir algunas de las palabras que circulan indiscriminadamente.   Pandemia hace referencia a cuántos países están afectados, no tiene que ver con número de casos. Pandemia se emplea cuando una enfermedad se extiende a varios países, generalmente por ser nueva o nueva cepa de una enfermedad conocida  y carecer la población de defensas contra ella. Epidemia se declara en un país o región cuando una enfermedad afecta un gran número de personas durante un tiempo. En Argentina, aun hoy tienen mayor número de casos enfermedades como  el zika, el dengue, la fiebre chikungunya, la gripe, el sarampión y el cólera.

¿Quiere decir esto ignorar la peligrosidad del coronavirus, no acatar el quedarse en casa o no extremar la higiene? Obviamente NO, solo no hacer circular un virus tan o más contagioso que el mencionado, que es el miedo.

El miedo no está puesto porque si en la evolución de la especie, sino que ocupa el lugar de privilegio que ocupa, porque está al servicio de la supervivencia. Es la reacción natural del organismo a la presencia de una amenaza y genera tres posibles respuestas en cualquier mamífero: paralizarse para que el agresor no nos vea, defendernos de él o huir. En este caso la única respuesta sensata es la defensa, en la parálisis quedamos desprotegidos y no hay huida posible frente a una amenaza global.

Por eso el ser la primera enfermedad  global de la era digital representa una diferencia. El miedo colectivo es el contagio de miedo a partir de replicar información y aumenta la ansiedad  tornándonos poco operativos. La idea es gestionar ese miedo colectivo para que nos cuidemos y responsabilicemos socialmente. Si bien afortunadamente la Argentina no alcanzo al día de hoy la cantidad de casos como para considerar una epidemia a nivel físico, a nivel de salud mental el crecimiento de crisis de ansiedad, fobias, depresiones, insomnio, adicciones, violencia familiar  y ataques de pánico es exponencial.

En estos momentos no solo es vital cuidar la salud física sino también la psicológica, dos entidades que separamos académicamente para entender, pero que están íntimamente relacionadas en la persona real. Hasta hoy el único remedio al Covid19 que existe, es nuestro propio sistema inmunológico. Los tratamientos que se emplean con los enfermos no curan la enfermedad, sino que tratan los síntomas que ella provoca. La UNICA CURA son nuestras propias defensas y estas se ven seriamente afectadas cuando la salud mental pierde su equilibrio. Muchísimos estudios demuestran por ejemplo que las depresiones, el insomnio  o la ansiedad bajan nuestras defensas, haciéndonos más propensos a enfermar y/o dificultando o impidiendo la cura si lo estamos. Estresados nos curamos menos y peor.

El sistema inmunológico aprende de las infecciones, ojalá aprendamos de él, que identifica una amenaza y encuentra los medios para neutralizarla. Tenemos dentro de nosotros un sabio con miles de años de evolución, sería saludable escucharlo…


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