Nicolás Lima, el joven fueguino de 19 años que inspiró a todos durante los Juegos Nacionales de Invierno

“Las limitaciones se las pone uno”, dice el estudiante de abogacía, que diseñó su propia silla para poder practicar esquí adaptado. Sueña con los Juegos Paralímpicos.

Nació con una malformación en las piernas, pasó por 19 operaciones pero nada lo detiene: “Las limitaciones se las pone uno”, dice Nicolás Lima. Tiene 19 años, estudia abogacía y diseñó su propia silla para poder practicar esquí adaptado. Sueña con los Juegos Paralímpicos.
Cuando Nico Lima entró por primera vez a una pileta sintió una sensación de libertad que jamás había vivido. Su vida hasta ese momento era sedentaria porque la irregularidad de los suelos de Ushuaia hace que salir a la calle con la silla de ruedas sea una tortura. Pero dentro del agua nada lo detenía. La barrera de la movilidad, que hasta ahora parecía una mancha indeleble estampada en cada uno de sus sueños, se había esfumado. E incluso podía experimentar el vértigo de la velocidad. Fue entonces que este chico entendió al deporte como algo más que una competencia, se trataba de su propia independencia.
Ese fue el paso inicial de su triunfo contra la Artrogriposis múltiple congénita, una condición de su cuerpo que no le permitió el normal desarrollo de sus piernas. El sábado a la mañana esa limitación observó, vencida y derrotada, como Nico era dueño total de su cuerpo, en su debut como esquiador adaptado en los Juegos Nacionales de Invierno que se están disputando en su ciudad y que, en su tercera edición, contaron por primera vez con deportistas con capacidades diferentes, con una conmovedora exhibición.
“Pasé por muchos deportes adaptados antes que éste. Al principio hice natación, llegué a torneos internacionales con la selección Argentina pero en un momento se volvió una profesión más que un hobbie y ya me aburría. Siempre la misma pileta, los mismos entrenamientos, era muy monótono y me sentía solo. Así que pasé a atletismo y después al básquet adaptado”, le contó Nico a un medio nacional.
Pero hace dos meses su vida cambió de rumbo cuando la selección de Brasil de esquí de fondo adaptado llegó a Ushuaia: “Me preguntaron si quería ir a probar en las pistas y entrené con ellos una semana. Corrí la marcha blanca que son 7 kilómetros y desde ahí me encantó. Me enamoré del deporte porque es totalmente diferente a lo que hacía antes: es al aire libre, tiene muchas variantes, el clima, el viento, el recorrido… Encontré lo que quería”. Con nuevo amor, este chico de 19 años empezó un proceso para conseguir una silla para entrenar: “Son importadas, entonces decidimos hacer una nosotros y la verdad que para ser casera me queda muy cómoda”.
Motivado por la felicidad que encuentra en la nieve, Lima piensa en colaborar con aquellos que sufren algún problema físico similar y no pueden salir adelante: “Tenemos la idea de armar varias sillas para que otros se puedan sumar. Hay mucho para crecer porque falta información y poca gente sabe del tema”. Pero también piensa en su carrera como deportista: “Me gustan los desafíos y ahora quiero ver hasta dónde puedo llegar. Uno se entusiasma y empieza a soñar en grande, así que yo quiero entrenar a full”.

Qué cambio increíble le diste a tu vida, hace siete años no te animabas a salir de tu casa…

Sí, gracias a Dios empecé a hacer deporte y ahí me di cuenta que puedo hacer cualquier cosa y que la limitación se la pone uno. Mis padres me ayudaron mucho, ellos trataron de que no tuviera barreras, me criaron como una persona sin ninguna discapacidad y eso me ayudó. Ojo, para ellos también esto es un aprendizaje porque no fue fácil dejarme sólo, pero con el tiempo se dieron cuenta de que me encantaba.
Nico tuvo que hacerse fuerte desde chiquito, a los golpes fue logrando que sus piernas ganaran un mínimo desarrollo: “Tuve 19 operaciones, 18 para poder caminar y la última por una escoliosis (curvatura en la columna). Me operaron de la espalda, me pusieron una guía para tenerla derecha y con esa intervención mejoró mucho mi calidad de vida. Respiro mejor, pude hacer más cosas. Las otras las fui haciendo desde chico, a medida que crecía me iban haciendo las operaciones porque mis piernas no crecían como el resto del cuerpo, entonces me iban quebrando las piernas, los fémur y me iban estirando los huesos.

¿Cada cuanto te operaban?

Cada dos años me hacían esos tratamientos. La última fue a los 16, pero valió la pena: pasé de estar en una silla de ruedas a tener capacidad para caminar y moverme por la ciudad, fue un cambio tremendo. La natación me ayudó muchísimo para lograr eso. En vez de estar acá sentado, engordando, pasé a tener fuerza en los brazos como para moverme y levantar mi cuerpo.
Yo sabía que era un camino largo. Al principio era terrible porque cuando me quebraban el fémur me ponían unos fierros que me iban estirando de a poco. Algunos eran fijos y otros los tenía que estirar yo una vez por semana. Esa prótesis fue cambiando mucho con el tiempo, la primera no me dejaba ponerme ni un pantalón porque era gigante y muy pesada, con el paso del tiempo ya pasé a otras más livianas que me permitieron hacer más cosas.
Con entusiasmo, Nico cuenta que sueña con ir a un Juego paralímpico de invierno con su flamante pasión, pero tiene en claro que para lograrlo no se mudará a Buenos Aires: “Allá está el Cenard que es muy importante, el deporte de elite pasa por ahí, pero Ushuaia es totalmente distinto. Fui allá varias veces por las operaciones y mi tratamiento y creo que no podría vivir en una ciudad tan grande y con tanta gente… Acá pisas la calle y te dejan pasar siempre, es chico, todos se conocen, es otra vida.

También está el dicho “pueblo chico infierno grande”, ¿a vos te tocó sufrir bullying por ejemplo?

Los más crueles son los más chicos, en la primaria me molestaron un poco, pero en la secundaria conocí a muy buenas personas que siempre me ayudaron en todo. Hubo un tiempo en que yo estaba empezando a caminar y no podía llevar mi mochila, entonces siempre había uno de mis amigos que estaba ahí, dispuesto a ayudarme y esperando a que llegue para llevarme la mochila al aula. La primaria fue dura, pero después la secundaria fue más linda. Es cierto, siempre hay un boludo que dice o hace algo, pero no pasa de ahí. Nunca sufrí bullying.

¿Qué le podés decir a otros chicos que están pasando por una situación como la tuya?

Que se animen porque no va a venir otra persona a moverlos, la vida depende mucho de las decisiones que tome uno. Cuando vean lo lindo que es tener su independencia no lo van a dejar más. Los que hacemos deporte adaptado tenemos que pelear el doble que el resto, pero uno se adapta al deporte. Al principio es difícil porque son muchas cosas nuevas, pero cuando probás un buen entrenamiento no lo dejás más. No importa lo que digan los demás porque el que va a tener que hacer las cosas es uno.

¿Nunca te frustraste?

Sí, muchas veces. En la primera competencia, a los 12, en los Juegos Evita, toqué sin querer con los dos brazos la meta y me descalificaron. Era la primera medalla para Tierra del Fuego en una competencia de deporte adaptado… Fue horrible, me sentí muy mal. Otras veces perdí por muy poco y también me quedaba mal. En mi primer sudamericano me cerraron la pileta y tuve que entrenar en otro lado, esas cosas te golpean pero los profes que me acompañan siempre se la rebuscan y desde el minuto cero te incentivan a no tener miedo.
La tercera edición de los Juegos Nacionales de invierno se definieron este domingo con la última competencia: esquí de fondo en modalidad sprint. Entre las mujeres, Cecilia Domínguez -la representante de Río Negro y gran figura de los juegos- ganó la competencia obteniendo así su cuarta medalla de oro. En la carrera de varones se consagró el local Matías Zuloaga, que logró su segunda medalla.
Finalizadas todas las definiciones de cada disciplina, se entregó la Copa Challenger que distingue a la provincia con mejor rendimiento en los juegos y el trofeo quedó en manos de Río Negro por tercera edición consecutiva.


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Diario Prensa
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