“No sé si pedir disculpas; hice lo que me dijeron y creí”

Las últimas palabras de «Miguelón» Arana, antes de ser condenado.

El ex presidente de la Comisión de Viviendas de ATE evocó la muerte de Daniel Belbey, el dirigente gremial que hubiera sido juzgado junto a él de no haberse quitado la vida en 2018, cuando las denuncias comenzaban a tomar estado público. “Yo creo en la justicia”, afirmó.

Miguel Arana, conocido como «Miguelón», era empleado municipal y presidente de la comisión de Viviendas de ATE, en 2018, cuando se iniciaron las actuaciones judiciales a raíz de las denuncias por estafa.

Minutos antes de escuchar el veredicto que terminaría enviándolo a prisión, Miguel Arana pidió la palabra y pronunció un discurso cargado de referencias personales, recuerdos dolorosos y expresiones de pesar por las consecuencias del caso que durante años sacudió su vida y la de su familia.

El ex presidente de la Comisión de Viviendas del gremio, conocido como «Miguelón», fue invitado por el Tribunal de Juicio en lo Criminal del Distrito Judicial Sur a formular sus últimas palabras antes de la sentencia que finalmente lo condenó, junto al secretario general de ATE, Carlos Córdoba, a cinco años de prisión efectiva por 22 hechos de estafa vinculados a la adjudicación irregular de viviendas sociales en Barrancas del Río Pipo.

Con evidente nerviosismo, Arana recordó a Daniel Alberto Belbey, quien se desempeñaba como secretario de Acción Social de ATE y que el 29 de mayo de 2018 fue hallado sin vida debajo de las tribunas de la cancha municipal ubicada sobre la calle Malvinas Argentinas, en un hecho que se consideró un suicidio pero que estuvo rodeado de interrogantes sin respuestas.

“Viniendo para acá me acordaba que hoy, 29 de mayo, hace ocho años de la muerte de Daniel. Más allá de la tristeza, me hubiera gustado que él estuviera acá porque tenía muchas cosas también para declarar. Yo creo en la Justicia. Por Daniel, él era mi amigo, mi compadre”, expresó.

Belbey y Arana mantenían una relación de estrecha amistad. Ambos eran empleados municipales, compartían responsabilidades dentro de ATE y el fallecido era padrino de uno de los hijos de Arana.

“No sé si pedir disculpas a esta gente porque yo creía en lo que me dijeron. Hice lo que me dijeron porque creía en eso, y cuando me di cuenta, ahí nomás y después de hablar con el ‘Lolo’ Cárdenas, me fui”, manifestó en alusión al entonces presidente del Instituto Provincial de Vivienda, ya fallecido.

Visiblemente afectado, también habló de su historia personal.

“No estudié porque me crié en el campo. Laburé toda mi vida y sigo laburando”, señaló.

A continuación recordó uno de los episodios más violentos que rodearon la trama de las viviendas de ATE: la feroz agresión que sufrió frente a su domicilio en mayo de 2018.

“Ese día que me pasó lo que me pasó era mi cumpleaños. Llegué a mi casa y terminé internado. El día 28 estaba en terapia y a las siete de la tarde entró mi hijo a despedirse porque le habían dicho que yo no iba a pasar la noche. Estaba muy mal. Y mi amigo Daniel estaba muerto”, relató.

El ataque al que se refería ocurrió el 25 de mayo de 2018 en la esquina de Tolhuin y Carlos Gardel. Dos hombres llegaron hasta su vivienda y, tras una conversación aparentemente cordial, uno de ellos comenzó a golpearlo con extrema violencia utilizando una manopla metálica.

Las cámaras de seguridad instaladas días antes por el propio Arana registraron toda la secuencia. Las imágenes mostraron cómo intentó resistirse aferrándose a las rejas de su casa mientras era golpeado e incluso arrastrado hacia un vehículo estacionado en las inmediaciones.

La agresión le provocó fracturas de costillas, perforación pulmonar y múltiples traumatismos. Con el paso de las horas sufrió una insuficiencia respiratoria severa que obligó a su internación en terapia intensiva del Hospital Regional Ushuaia, donde permaneció intubado, conectado a un respirador automático e inducido a coma farmacológico.

“Después de eso traté de sacar fuerzas y de seguir trabajando”, continuó Arana ante los jueces. “Había comprado una máquina, la tenía secuestrada. Y con Panoso nada que ver, simplemente lo había conocido en obras. Me siento apenado por la gente y por mí”.

Poco después de concluir sus palabras, el Tribunal dio a conocer el veredicto. Arana fue condenado a cinco años de prisión efectiva y los jueces ordenaron su inmediata detención.

Desde la sala de audiencias fue trasladado bajo custodia a la Alcaidía Central de Ushuaia, donde quedó alojado a disposición del Servicio Penitenciario Provincial.


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