Mentira y Violencia

Mentira y Violencia

PARA REFLEXIONAR EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS Y PROYECTAR NUESTRA VIDA DESPUES DE LA CUARENTENA…

Ahora que las noticias policiales parecen haber puesto sobre el tapete el repudio a la violencia contra la mujer, quiero hacer hincapie en un modo generalizado y poco debatido de violencia psicologica, del que las mujeres somos victimas tan frecuentemente y que suele ser invisibilizado. Me refiero a la mentira.

El artículo 5 de la Ley Nacional 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, define a la violencia psicológica como aquella que “causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento. Incluye también la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia o sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación”.

En el mundo en que vivimos, mentir se ha constituido en un recurso o mecanismo común y naturalizado socialmente para controlar o dominar al otro, o a los otros. Pero cuando ocultamos, tergiversamos, maquillamos la realidad a nuestra conveniencia para lograr un beneficio personal en detrimento de los demás, estamos indudablemente abusando de ellos.

«Violencia es mentir», dice una letra de los Redondos. Y no son los unicos varones que reconocen esto, aunque no pude encontrar ninguno que haga de ello una cuestion de genero.  La mentira es violencia simbólica, para usar palabras del sociólogo  Pierre Bourdieu cuando habla de la necesidad de violencia aunque sea simbólica en las relaciones de dominación.

Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo  La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante palabras contrarias a la verdad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión.

La mentira es despreciable porque desarma al adversario antes de atacarlo, dice Schopenhauer, quien la define como un instrumento peligroso cuyo uso solo esta justificado en legitima defensa. Y agrega “Si tenéis motivos para sospechar que una persona os está diciendo una mentira, aparentad que creéis todas sus palabras. Esto le dará ánimos para continuar y se entusiasmará de tal manera con sus afirmaciones que acabará por traicionarse.” (..) “la negación, el encubrimiento, la hipocresía, la contradicción, el silencio… atormentan y enloquecen a las personas.”

La verdad, en cambio, nos pone sobre el control de la toma de decisiones conscientes ante lo que acontece. La verdad alivia, nos libera.

Cuando la realidad ha sido permanentemente falsificada, se mina la inteligencia y la capacidad de lograr una percepción certera de los hechos, con lo cual, la desorganización psíquica en sus distintos grados se encuentra absolutamente vinculada con la distancia entre palabra y realidad.

Seamos niños o adultos, la verdad se intuye, se percibe. Cuando aquello que nos pasa no condice con el relato de un otro que tiene el poder de controlar la información y que ejerce influencia sobre nuestras vidas, aprendemos a vivir en la confusión, desconectados con la realidad.

Alexander Solzhenitsyn en su discurso preparado para la recepción del Premio Nobel de Literatura, nunca leído oficialmente y publicado en agosto de 1972, escribía: «No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira»

Me resulta especialmente detestable una forma sutil  de mentir que se ampara en el derecho legitimo a preservar el mundo privado y cuya mejor expresión es un dicho ingles “Ask me no questions and I’ll tell you no lies”- “No me hagas preguntas y no te diré mentiras”. Lo que la hace  cuestionable es que quien sostiene esto, decide en nombre del que pregunta qué cuestiones son de su interés y cuáles no,  en lugar de asumir las consecuencias de excluir al otro de información que considera relevante.  Envuelve en un supuesto cuidado al otro la pusilanimidad de quien carece del coraje para hacerse cargo de las consecuencias de sus actos.

Y  no solo perjudica a quien la recibe, como la conocida fabula del pastorcito mentiroso el mayor problema de los que mienten es que cuando deciden decir la verdad no son creidos. Y lo merecen..


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