Reflexiones en Cuarentena

Reflexiones en cuarentena

Venimos transitando semanas muy difíciles. La cantidad de muertes diarias en la provincia es alarmante, al punto que el director del H.R.U., Dr. Carlos Guglielmi señaló hace unos días en una entrevista radial que “La liberación de camas se está dando, en estos momentos, más por los fallecimientos que por las altas de pacientes.” Los profesionales de la salud están sobrepasados y los familiares de pacientes internados por Covid-19 reclaman por una despedida. Simultáneamente, casi como si fuera en provincias distintas, los controles en la vía pública se relajaron, se propagan las reuniones clandestinas y se han liberado rápidamente gran parte de las actividades, generando contradicciones y desorientación.

Por momentos los ciudadanos sienten estar viendo dos películas distintas al mismo tiempo. La de los muertos y el fantasma de colapso del sistema de salud y la que promociona a Tierra del Fuego como uno de los destinos más seguros para abrir al turismo. Tristemente es cada uno el que finalmente juzga qué película ver y desde ahí dirige su obrar (y digo tristemente, porque me parece que uno de los problemas es justamente esa falta de cohesión y de objetivos compartidos, que nos permita funcionar desde la responsabilidad colectiva).

La heterogeneidad de discursos que inunda el campo de lo social termina generando, las más de las veces, confusión, que se traduce en baja adherencia de la población a las normas y protocolos. A su vez, mientras algunos echan la culpa a los políticos de turno, otros apuntan con el dedo a la responsabilidad individual. De un lado culpar a todos y no asumir nuestra propia parte, o, en el extremo opuesto atribuir todos los males a la responsabilidad individual, es más o menos lo mismo. Lo único que varía es desde donde se emite el juicio, pero en ambos, hay un mismo mecanismo, tirar la pelota afuera. Además de caer en el error de analizar un fenómeno tan complejo como una pandemia, desde una única variable. Está claro que el intrincado y dinámico campo socio cultural, político, subjetivo y económico (por citar solo algunos factores) que determinan las conductas de los individuos, no puede reducirse a una sola variable que deje “tranquilos de conciencia” al resto de los actores sociales.

Por otro lado, siempre hay que poder leer la multiplicidad de necesidades e intereses que se esconden detrás de las palabras y acciones de las personas, y así, analizar, más allá del discurso expreso, que otras cosas se están omitiendo tras lo dicho. Qué es lo que se dice, en lo no dicho. Por ejemplo, si tras la protesta de alguien que se autoproclama en contra del aislamiento social y el cierre de actividades, hay un trabajador independiente que no está pudiendo pagar el alquiler y abastecer de alimentos para su familia, pasar de lo que dice a lo que omite en su discurso, pero que determina sus dichos, nos permite ampliar el panorama a la hora de buscar respuestas a sus necesidades, en lugar de quedarnos en una discusión estanca que lo único que puede potenciar es el odio. Esto vale también para pensar las campañas de prevención. Otro ejemplo, si notamos que la gente sin importar el día, sale igual, y parece desoír las indicaciones que hace unos meses respetaba, vale preguntarnos ¿qué cambió?, y desde ahí, ¿qué podemos hacer diferente?. En este punto, el agotamiento de tantos meses de crisis (en muchos sentidos) es algo que está marcando significativamente a la comunidad; entonces… ¿qué podemos proponer? ¿qué actividades se pueden emprender para generar “un colchón de aire” y que la salida del encierro no sea la exposición al virus?

Otro factor que debemos poder revisar a nueve meses del inicio de la pandemia, es que el abordaje estratégico frente al virus debe ser necesariamente integral e interdisciplinario. No deben faltar las medidas concretas de prevención para evitar el contagio, pero en el conjunto debemos incluir y valorar otros aspectos, y cómo señalaba antes, no justificar los fracasos de forma unicausal. Si vemos que la gente cada vez se cuida menos, cabe preguntarnos ¿qué está pasando? Antes de sentenciar su razón. Porque si no permitimos la interrogación, nos perdemos la posibilidad de observar otra cosa.

Los que trabajamos con la salud mental, también hemos visto un incremento en estos meses de la demanda de asistencia psicoterapéutica. Empiezan a aparecer otras emergencias a las que también hay que prestar atención. Algunas patologías se han visto agravadas y el deterioro de los vínculos empieza a notarse. El retraimiento al hogar no para todos (y en todos los aspectos) fue una solución y el cansancio por la persistencia de determinadas condiciones se hace evidente. Habrá que seguir repensando como operar promocionando la salud mental para amortiguar el impacto de lo que se instaló como una crisis sin precedentes y anticiparnos a los próximos meses.

Estamos aprendiendo al andar, pero no podemos bajar los brazos. Tuvimos que aprender a convivir con el virus y estamos cansados, pero en alguna habitación hay alguien intentando sobrevivir. No se trata de generar pánico, muy por el contrario, se trata de no dejar de intentar que todos podamos estar mejor. De trabajar en el bienestar de la comunidad. Se trata de mirar afuera, sin dejar de mirar adentro y poder pensar en conjunto. 

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