Un relevamiento nacional midió la capacidad de gasto de los hogares durante el mes.
El 44,4% agota sus recursos antes del día 15 y el 12,2% no llega al día 5. En paralelo, el 60,2% tomó deuda en los últimos seis meses y el 76% de esos créditos se destinó a alimentos, salud, tarifas y servicios.

La pérdida de capacidad de compra se refleja en el momento del mes en que los hogares argentinos dejan de contar con ingresos disponibles. Según un relevamiento correspondiente a agosto, el 65% de los consultados se queda sin recursos antes del día 20, mientras que el 44,4% no supera el día 15 y el 12,2% agota sus ingresos antes del día 5.
Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, que relevó 1.466 casos válidos de alcance nacional entre el 25 y el 31 de agosto, con una muestra ponderada por región, edad, sexo y voto declarado. El estudio informó un margen de error teórico de ±2,1%, con un nivel de confianza del 95%.
La situación presenta diferencias según el nivel de ingresos. El 87,6% de las personas de clase baja llega sin recursos al día 20, frente al 7,3% registrado entre quienes pertenecen a la clase alta. Por edad, el 83,3% de los jóvenes de entre 18 y 39 años no supera ese día, contra el 60,3% de los mayores de 60.
El endeudamiento aparece como otra expresión de la pérdida de capacidad de compra. El 60,2% de los encuestados aseguró haberse endeudado o haber tomado algún crédito durante los seis meses previos al relevamiento. Entre quienes recurrieron al financiamiento, el 55,6% destinó el dinero a alimentos y salud, mientras que otro 20,4% lo utilizó para pagar tarifas y servicios. En conjunto, esos rubros concentran el 76% de los motivos de endeudamiento relevados.
La utilización del crédito también presenta diferencias según el nivel de ingresos. El porcentaje de personas que tomó deuda durante los últimos seis meses alcanza el 70,2% en la clase baja y el 67,1% entre los jóvenes de 18 a 39 años. En los sectores de menores ingresos, más del 85% de quienes se endeudaron lo hizo para afrontar alimentos, salud, tarifas o servicios, mientras que en la clase alta el crédito presenta una mayor vinculación con la compra de bienes durables.
El relevamiento también registró un cambio en las principales preocupaciones. Por primera vez en varios meses, la corrupción dejó de ocupar el primer lugar y quedó cuarta, detrás de ingresos y salarios (50,1%), incertidumbre económica (49,8%) y desempleo (40,9%). La inflación se ubicó décima entre las diez opciones relevadas, con 12,7%.
La percepción sobre la economía continúa siendo mayoritariamente negativa: el 59,4% calificó como mala o muy mala la situación económica del país, aunque el indicador mejoró frente al 61,8% registrado en julio. La evaluación negativa alcanza casi al 75% entre los sectores de menores ingresos. En tanto, la valoración positiva de la situación económica personal pasó del 27,2% al 29,8% entre julio y agosto.
La distancia entre los indicadores oficiales y la experiencia cotidiana también aparece en las respuestas. El 65,8% de los consultados considera que el índice de inflación del INDEC no refleja la suba de precios que percibe en su vida diaria, mientras que el 81,2% sostiene que su salario no le gana a la inflación. Entre quienes votaron al oficialismo en las elecciones legislativas de 2025, el 61,2% considera que sus ingresos perdieron frente a los precios.
Otro relevamiento, realizado en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), mostró un escenario similar respecto de las dificultades económicas y su impacto en la vida cotidiana. El Termómetro Psicosocial y Económico N.º 4, elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, registró que el 55,9% de los consultados atraviesa una crisis económica vinculada con deudas o ingresos insuficientes.
El estudio del OPSA se realizó entre el 4 y el 11 de septiembre de 2026 sobre 1.181 casos y consignó un margen de error de ±3%. El 90% de los encuestados atribuyó mucha o bastante importancia a los problemas económicos en relación con su salud mental, proporción que llegó al 93% entre las personas endeudadas.
En cuanto a los estados de ánimo asociados con la situación económica, el 43% mencionó incertidumbre, el 40% angustia, el 33% hartazgo y el 30% temor al futuro. Nueve de los diez estados más señalados fueron negativos.