Miguel Zaprucki, el héroe que eligió una vida sencilla en Ushuaia

Miguel Zaprucki, el héroe que eligió una vida sencilla en Ushuaia

De la guerra y los campos de trabajo en Siberia, a los bosques fueguinos.

La historia del antiguo poblador Michal Zaprucki, inscripto en la Argentina como Miguel, atravesó algunos de los episodios más dramáticos del siglo XX. Combatió durante la Segunda Guerra Mundial, sobrevivió al cautiverio y llegó a Tierra del Fuego, donde trabajó, formó una familia y echó raíces lejos de su tierra natal.

Miguel Zaprucki, el héroe que eligió una vida sencilla en Ushuaia
Entre estas dos imágenes transcurrió una vida extraordinaria.
Michal —Miguel— Zaprucki llegó a Ushuaia en 1947, después de sobrevivir a la guerra
y al cautiverio en Siberia. Aquí formó su familia, echó raíces y permaneció hasta sus últimos días.

 

Hay vidas que parecen contener varias vidas. La de Michal Zaprucki fue una de ellas. Nació en 1911 en Janowo, entonces territorio polaco y hoy parte de Bielorrusia. Tras sobrevivir a la guerra, el cautiverio y el desarraigo, terminaría construyendo su hogar en Ushuaia, a miles de kilómetros de donde debió atravesar una de las épocas más brutales de la historia europea.

De la guerra al cautiverio

En 1940 fue detenido por el Ejército soviético y enviado a Siberia, donde realizó trabajos forzados, entre ellos la tala de árboles, en condiciones climáticas extremas.
En un testimonio sobre aquella experiencia recordó: “Nos cargaron en vagones de mercancías. El frío llegaba a los 45º bajo cero. A los niños, las mujeres y las personas ancianas se les congelaron las manos y los pies. Viajamos sin ningún tipo de provisión durante cuatro días”.

Su relato refleja el sufrimiento de miles de ciudadanos polacos deportados por los soviéticos. Tras la liberación de prisioneros y deportados, Zaprucki se incorporó a las fuerzas polacas reorganizadas bajo el mando del general Władysław Anders, cuya trayectoria las llevaría desde la Unión Soviética hasta los campos de batalla de Europa occidental.

Combatió en Tobruk, Libia, y en Montecassino, Italia, una de las batallas más recordadas de la participación polaca en la campaña aliada de 1944. Por su desempeño fue considerado un héroe del Segundo Cuerpo Polaco y recibió, junto con sus compañeros, una condecoración otorgada por el papa Pío XII.

Terminada la guerra, la Europa que había conocido ya no era la misma. Para Zaprucki comenzaba otra etapa: la de la incertidumbre de una nueva vida.

El destino, en un aviso del diario

A mediados de la década de 1940 llegó a Buenos Aires. Su destino fueguino, sin embargo, comenzó de una manera inesperada: con un aviso publicado en un diario que buscaba trabajadores para Ushuaia.

Zaprucki se presentó ante una empresa constructora, consiguió empleo y viajó al extremo austral junto con otros polacos. La firma participó en obras viales y de infraestructura de Tierra del Fuego, entre ellas el antiguo puente de Tierra Mayor.

La geografía fueguina, que para otros podía parecer inhóspita, se convirtió en el escenario de su nueva vida. El hombre que había sobrevivido al cautiverio y combatido en algunos de los escenarios más duros de la guerra europea encontró aquí otra forma de pertenecer.

Acostumbrado a las grandes distancias, recorría a caballo el trayecto entre Almanza. – en donde trabajó en un aserradero y en una productora de mejillones – y Ushuaia, y luego emprendía el regreso de la misma manera.

Con el tiempo, Zaprucki ingresó como personal civil en la usina de la Base Naval Ushuaia, donde sus conocimientos especializados en motores resultaron necesarios. Su trayectoria laboral quedó ligada así a distintas etapas del desarrollo de la ciudad.

La familia como centro de su mundo

En Ushuaia compartió su vida con María Lucía Álvarez Díaz, con quien tuvo seis hijos: Mónica, Verónica, Ruth, Miguel, Ricardo y Marcelo. La familia creció con sus nietos Gustavo, Matías, Stefan y Adam; sus bisnietos Martina, Tobias, Felicitas, Sofia y Lorenzo; y su tataranieta, Clementina.
Michal —Miguel— Zaprucki murió a los 96 años.

Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un hombre modesto y trabajador, profundamente dedicado a los suyos. Alguien que no buscaba reconocimiento ni hacía de su pasado militar un motivo de protagonismo. Su mundo estaba hecho de trabajo, afectos y compromisos cotidianos.


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Diario Prensa
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