En Tierra del Fuego las redes explotaron con publicaciones de quienes se quedaron esperando…

En contraste con la predisposición de la ciudadanía a ser censada, el miércoles 18 de mayo una gran cantidad de viviendas quedó sin ser visitada por el proceder de numerosos censistas que no concurrieron a realizar su labor. Hubo anécdotas graciosas y otras no tanto.

El del 2022: un censo “medio pelo”

“Medio pelo: que corresponde a la mitad de algo, que se encuentra en el centro de algo o entre dos cosas, que es incompleto o imperfecto o que está a medio terminar”. Así podría definirse al cumplimiento del Censo Nacional 2022 en nuestra provincia, a diferencia de lo ocurrido hace 12 años atrás, la vez anterior en que el INDEC realizó un conteo de población, viviendas, niveles de salud y de ocupación, entre otros items.
En esta ocasión, el “faltazo” de quienes se habían inscripto voluntariamente para desempeñarse como censistas en la página del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, fue la nota que caracterizó a una jornada signada por otra expectativa. Muchos de los que se quedaron esperando en sus viviendas en el amplio lapso de las 8 de la mañana a las 6 de la tarde no tardaron en manifestar su molestia en las redes sociales. ¿Qué pasó?. La respuesta a la pregunta se fue conociendo con el correr de las horas por parte de los jefes de sector, quienes terminaron el día estresados por tener que convocar a último minuto a familiares y a gente amiga para que suplanten a los censistas que se borraron sin explicaciones. Igual no se cubrió la demanda de viviendas a visitar.
¿Y por qué no se presentaron a cumplir con una labor para la que ellos mismos se habían inscripto? ¿Les pareció poco el pago de 6 mil pesos? ¿Prefirieron usar el feriado para descansar y relajarse pese al compromiso asumido?. Los responsables de los grupos no terminan de encontrar una sola respuesta al interrogante. Diario Prensa Libre consultó a algunos de ellos, obteniendo respuestas como “fue un bajón. Hubo gente que me mandó mensajes a las 5 de la mañana, diciéndome que no se iban a presentar. Otros lo hicieron a 24 horas del censo y otros más, directamente faltaron. Esto desorganizó los esquemas que teníamos previstos, quedando gran parte del trabajo sin hacer”. Otra jefa de área apuntó a que “tal vez les parecía poca la paga, pero para eso mejor no se hubieran comprometido. Otros se tomaron el martes a la noche como si fuera un sábado y se acostaron tarde. Cuando algunos avisaron por audios de Whatsapp el mismo miércoles que no iban a ir, se les notaba que no estaban en condiciones de trabajar…”.

El del 2022: un censo “medio pelo”

Un censo para recordar…

En diálogo con varios censados y censistas, las anécdotas fueron numerosas y descriptivas de la indiosincracia de la sociedad fueguina:

– “La chica que nos censó parecía haberse anotado como una salida laboral. Nos dijo que era jujeña y no daba pie con bola en el llenado de la planilla. La tuvimos que llevar inclusive a una escuela en el barrio San Vicente porque se le habían terminado las hojas. Tenía hambre así que se quedó a almorzar con nosotros”.

– “Toqué varias veces el timbre para que me atendieran porque se veía movimiento en la casa. Cuando por fin salió una señora me dijo que no iba a decirme nada porque según ella todo estaba orquestado por los políticos para aumentar el gasto público con mas bancas en diputados. Y cerró la puerta”.

– “Un compañero fue temprano a la escuela y enseguida me preguntó si iban a pagarnos antes de salir a la calle a censar. Le dijimos que no, que el mes que viene nos iban a pagar y entonces dio media vuelta y se volvió a su casa sin siquiera avisarle al jefe del grupo”.

– “La verdad es que fue todo muy desorganizado. Yo no pude descargar la app con el listado de los destinos que me correspondían y en la zona de edificios de departamentos se complicó más todavía. En algunos de los domicilios ya había obleas pegadas”.

– “El muchacho que pasó por casa estaba completamente perdido. Nos mostró las planillas en donde tenía que registrar entre otros datos el lado de la manzana y el código que le dimos, pero era como si esa misma mañana lo hubieran mandado a la calle a censar”.

– “Un joven que estaba censando en un edificio de departamentos por alguna razón que no sabemos, si se cansó o tuvo algún problema con alguien, volvió a la escuela para entregar la bolsa, la pechera y las planillas y plantó el trabajo en la mitad de la tarea. No supimos qué le pasó. Solo dijo que no le importaba que no iba a poder cobrar por lo que ya había hecho”.


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