El dolor de los que se quedan…

No sufren los que se van… somos los que nos quedamos quienes cargamos con el dolor, el dolor del no haber dicho lo suficiente, el dolor de no haber repetido tantas veces lo mucho que amamos a ese ser querido que ya no está ni estará nunca más, en vida.
El dolor es para nosotros, es lo que nos queda.
El pensar qué hubiese pasado si…
si hubiéramos estado por ejemplo en ese momento. Pensar que tal vez todo hubiese sido diferente si…
Pero no… no fue. No estábamos. No se puede cambiar. No podemos dar marcha atrás. Solo nos queda el dolor, la pena y el recuerdo de aquella ultima vez que compartimos algo.
Es doloroso. Desgarrador. Inaguantable.
Aunque en definitiva se trata de egoísmo. Ese egoísmo con el que nacemos, ese que nos impide entender el por qué. Sabemos que él o ella ya no sufre, que seguramente está mejor, pero… eso a veces no nos alcanza. Es el egoismo propio también lo que nos obliga a hacer el duelo, sabiendo que no vamos a volver a ver a esa persona, que no vamos a tener otra oportunidad de decirle lo mucho que significaba en nuestra vida, lo que nos hace falta, y todo lo que aprendimos a su lado y cuánto nos ayudó. A algunos nos enseñó a ser padres, a otros hija, tía, abuela, amigo o amiga.
Siempre alguno aprendió algo con ese ser hermoso que nos abandonó dejándonos sumidos en la pena y que se fue glorioso a la diestra del Señor para vivir en su reino con plenitud.
Somos nosotros los que quedamos, los que sufrimos, los que lloramos…
¿ Y qué se hace con eso? ¿Cómo se sigue con ese dolor que no se va? ¿Cómo se hace con ese dolor que nos va a acompañar toda la vida hasta el reencuentro, si lo hubiera?
La verdad es que ese duelo va a perdurar en el tiempo. No importa lo que hagamos, cuánto vivamos, o todo el camino que recorramos, siempre vamos a extrañar a la persona que se fue. La vamos a ver en cada juntada, en cada brindis, en cada fiesta, en el día a día. Hay que aprender a vivir con la pena, con esa desgarradora pérdida, con el saber que a pesar de sentir que no era su tiempo, se fue.
¿De qué forma lo superamos? No la hay. Lo único que nos queda es demostrar que la vida vale cada segundo, que esto es prestado, que hoy estás y mañana ya no, ¡que hay que amar intensamente!, ¡sentir con el alma!, ¡que no hay que dejar nada para mañana!, ¡que lo que tenemos es solo el hoy!. Y que hay que vivir el presente plenamente, que hay que decir lo que se siente por que quizás mañana no podamos, que hay que amar inmensamente y que si nos equivocamos, por lo menos sabremos que dimos todo; y que la familia es lo primero, o mejor dicho lo es todo.
¡No nos olvidemos de lo importante!.
La vida es corta, los seres queridos se van… y ya no hay vuelta atras.

*Marianela Ziguencio es familiar de las personas que el domingo 5 de enero fallecieron en el incendio de una vivienda emplazada en el sector de la Ruta complementaria J.


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