Juan Domingo Perón. Efemérides de un líder

Paradojas de la Historia

El martes 8 de octubre se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento del militar y político argentino Juan Domingo Perón. Si bien la “historia oficial” lo ubica en el año 1895 en la localidad bonaerense de Lobos, algunas investigaciones precisan que el natalicio de esta figura fundamental de la política del siglo XX sucedió dos años antes, el 7 de octubre de 1893, en una pequeña casa de dos habitaciones perteneciente a “la india” Juana Sosa, cercana a la Municipalidad de Roque Pérez.
Según esta versión, sostenida entre otros por Hipólito Barreiro, quien fuera médico de Perón y también funcionario durante su última presidencia, el General habría sido hijo natural de la descendiente de tehuelches, doña Juana Sosa y Mario Tomás Perón, quienes eran pareja pero no estaban casados; y dos años y un día después anotado bajo el nombre de Juan Domingo.
Lo interesante de esta controversia, si se avalara la tesis de Barreiro (que publicó un libro titulado sugestivamente “Juancito Sosa, el indio que cambió la Historia”), es el origen mestizo de Perón, lo cual, entre otras cosas, hubiera dificultado su ingreso a la carrera militar. ¡Paradojas de la historia! ¿Alguien podría siquiera hacer el esfuerzo de reflexionar especulativamente qué hubiese sido del derrotero de nuestro país si Juan Domingo Perón no hubiese accedido a la carrera militar y no hubiera formado parte del Gobierno de los Generales Ramírez y Farrell?.

No ser comunista ni amar el capital…

Lo cierto es que Perón terminó siendo una de las figuras políticas argentinas más influyentes de nuestra historia nacional, hasta trascender el plano local y consolidarse como un emblema que buscaba la ecuanimidad ante el mundo bipolar que se imponía tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de abonar la célebremente conocida “tercera posición”.
En tal sentido, Fermín Chávez valora la concepción de Perón en aquel momento, explicando que “la filosofía de la tercera posición, tanteada empíricamente en 1946, iba a ser formulada rotundamente en 1947. Como lo han descubierto en los últimos tiempos diversos estudios extranjeros, Perón fue un auténtico precursor del llamado Tercer mundo, inexistente o apenas avizorado en aquellos días”.
Un punto de inflexión para el reconocimiento internacional de Perón, que además derrumba las infantiles y exacerbadas especulaciones que identifican al peronismo con el nazismo o el fascismo ocurrió en julio de 1947, cuando el presidente argentino dirigió un mensaje a todos los pueblos del mundo, por medio de más de mil radioemisoras (entre ellas la BBC de Londres), en que planteó objetivos de cooperación económica y de paz mundial, desechando los extremismos capitalistas y totalitarios, fuesen éstos de derecha o de izquierda. En esta oportunidad, Perón hizo gala de un pragmatismo envidiable en los tiempos que corrían.
No se trataba de cerrar las fronteras a un mundo que podía requerir algo de lo que la Argentina pudiese vender. Desde ese punto de vista, era lógico que tacharan a Perón de fascista o nazi, antes que tener que reconocer que la Guerra había devastado todo y que un pícaro dirigente latinoamericano aprovechara los vientos de cola para realizar los mejores negocios para su nación.

“Golpeando las puertas del cielo”

Por lo demás, puede decirse que durante el primer peronismo, Perón ejerció un liderazgo indiscutido de su movimiento político y social, estableciendo un imaginario de conducción paternal, conciliadora y persuasiva (ello siempre y cuando no se buscase erosionar su liderazgo). Diferente era el ejercicio del poder en relación con la oposición, pues ésta se tornaba virulenta en la medida que su Gobierno avanzaba transformando el esquema jurídico y material de la Argentina. A partir de la muerte de Eva y de las complicaciones del escenario económico internacional, la grieta insalvable con la oposición llevo al sistema a los límites de la violencia hasta concluir con el golpe de Estado de 1955.
La dictadura de la autoproclamada “Revolución Libertadora” trató de aniquilar la memoria histórica del peronismo con la proscripción legal y la represión. Pero ello no fue posible. La semilla de los principios doctrinarios del justicialismo habían calado hondo en las clases bajas e intermedias de la Argentina.
Perón, al mismo tiempo, supo reinventarse e involucrarse en el debate del nuevo mundo que se perfilaba en plena Guerra Fría. El mito del retorno encendía los corazones de la juventud, que junto a los trabajadores nucleados en las centrales obreras y los militantes históricos organizaban la resistencia para la reconquista del poder.
Los 70s y el retorno de Perón merecen una lectura profunda que dejaremos para otra oportunidad. El fallido tercer Gobierno peronista fue por la muerte del líder el 1 de julio de 1974, momentos en que sectores del propio peronismo se disputaban el liderazgo y la conducción del movimiento social más importante del siglo XX. Pareciera como si el timón pragmático que tanto había funcionado en el primer peronismo y en los años de la resistencia hubiese roto sus engranajes y finalmente sucumbido junto con la salud del líder. Nació así el peronismo sin Perón. Un desafío que aún hoy parece continuar golpeando las puertas del cielo.

El legado

Más allá de todos los reconocimientos, anatemas y críticas que se le puedan hacer, Juan Domingo Perón supo ser una figura fundamental del proceso histórico argentino. Su legado perdura hasta hoy y la estructura política que creó sigue firme, constituyendo el partido más influyente del siglo actual. El peronismo continúa siendo una expresión política hegemónica y es posible que en corto plazo, deba guiar los destinos nacionales por sexta vez desde 1945.
Dentro de sus legados más influyentes e importantes, destacan los principios doctrinarios de la justicia social, la necesidad de la independencia económica para poder realizarla y la soberanía política para decidir cómo hacerlo; las conquistas sociales y la ampliación de los derechos políticos hacia toda la ciudadanía; las leyes de protección para lograr el trabajo digno y la obsesión por desarrollar la industria nacional y fortalecer el mercado interno.
En la historia el peronismo tuvo altibajos y expresiones muy dispares, pero no puede negarse que ha sido siempre validado o revalidado por el voto popular, despertando a lo largo de la historia grandes amores y odios. El histórico partido demuestra siempre que es capaz de modernizarse y hoy aparece nuevamente como la opción más elegida para gobernar los próximos cuatro años. Nada mal, después de todo.



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