Malvinas: argentinas, fueguinas y suramericanas

La participación de la delegación británica pretendiendo representar las Islas Malvinas en la Expo Prado de Montevideo organizado por la Asociación Rural de Uruguay, constituyó una provocación no solo para la Argentina, sino también para la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que comparte con la Nación la lesión soberana sobre esos territorios y sus espacios marítimos circundantes.
Tal provocación sucedió además, en momentos en que los fueguinos ya nos encontrabamos en estado de alerta ante los avances de acuerdos comerciales que la Cancillería argentina viene negociando con el Reino Unido de Gran Bretaña, desde que en el año 2016 decidieran alejarse de la posición que venía sosteniendo el Estado nacional en la última década con respecto a la cuestión Malvinas.
Así fue que en septiembre de aquel año, sin consultar a las autoridades de la Provincia de Tierra del Fuego ni dar participación al Congreso, que debería ser el ámbito natural para revisar acuerdos con una potencia colonialista sobre territorios nacionales que están en litigio, la Cancillería dio a conocer en forma intencionalmente confusa lo que hoy denominamos como “acuerdo Foradori – Duncan”.
En efecto, el 13 de septiembre de 2016, Carlos Foradori (vicecanciller argentino) y su par británico Alan Duncan, suscribieron un comunicado conjunto en el que comprometían a nuestro país a colaborar con el desarrollo económico de las Malvinas, adoptando las medidas adecuadas para “remover los obstáculos que limitan su comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.
En ese punto, los fueguinos vemos un avance inaceptable de una potencia extranjera sobre nuestros recursos naturales que son, al mismo tiempo, un patrimonio del pueblo argentino en su conjunto, aunque la Cancillería de la Alianza “Cambiemos” pretenda subestimar tal situación.
Demás está decir que en Tierra del Fuego, quizá como en ninguna otra provincia, la causa Malvinas es un tema permanente de agenda gubernamental, un elemento constitutivo del imaginario regional y un punto de inflexión de nuestra conformación como Estado integrante de la República Argentina.

Para los uruguayos, las Malvinas también son Argentinas

Sin desconocer que Montevideo ha sido históricamente una de las puertas de salida al mundo de las Malvinas y a pesar que la Dictadura militar uruguaya, promovida y apoyada por la oligarquía terrateniente, sostuvo en momentos del conflicto armado de 1982 una suspicaz neutralidad “probritánica”, también es cierto que el sentimiento popular de aquel país durante la guerra inclinó sus preferencias hacia la causa latinoamericana, entendiendo la presencia británica como lo que es y fue siempre: un enclave colonial ilegal e ilegítimo en tierras suramericanas.
Por eso no debe extrañar que, desde el retorno de la democracia, Uruguay suscribe de manera oficial el reclamo argentino ante Naciones Unidas, que constantemente insta a los dos países a sentarse en la mesa de negociaciones para encontrar una salida pacífica a la disputa.
Es esperable entonces este tipo de provocaciones de la delegación británica en Montevideo, que no buscó otra cosa que generar discordias entre dos países hermanos para fortalecer una posición que desde el origen es insostenible: la matriz autoritaria de la posesión inglesa sobre nuestras Islas. En los absurdos folletos que repartieron, se jactaron de la “defensa de las Islas contra la ocupación argentina”, cuando la verdad es que los ocupantes ilegales en las Islas Malvinas son los británicos, y lo vienen haciendo gracias al uso de la fuerza desde 1833.

Las Malvinas son Argentinas, fueguinas y suramericanas

Gran Bretaña jamás pudo haber “defendido” las Islas Malvinas porque sencillamente no les pertenece por legítimo derecho. Como tampoco les pertenecen sus recursos, ni el honor de los soldados argentinos caídos en combate, ni las almas incandescentes del ARA General Belgrano al que hundieron inescrupulosamente fuera de la zona de exclusión para iniciar una Guerra dedicada a sostener un colonialismo tan anacrónico como infame.
Porque en el innegociable stand de la causa de la Patria Grande, que debería recorrer nuestro suelo americano; y a pesar de existir sectores internos capaces de simpatizar con intereses foráneos, la causa Malvinas es una lucha aún inconclusa del proyecto político sostenido por nuestros padres fundadores de la emancipación suramericana, como San Martín y Artigas.
En su razón de lucha; y de existir la posibilidad de poder expresarse en la actualidad, no hay dudas que sostendrían al unísono que las Malvinas son argentinas, fueguinas y suramericanas.


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Diario Prensa
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