Una historia de peleas, celos y golpes

LO QUE MAL ANDA, MAL ACABA
Durante la primera jornada de debate, quedó claro que la relación que Aldo Javier Nuñez y Nilda Nuñez comenzaron a fines de 2014 o comienzos de 2015, siempre estuvo caracterizada por la violencia, los celos, los gritos, las discusiones eternas y los reproches de todo tipo.  Nuñez la celaba en el último tiempo particularmente, con un policía de la Comisaría de Tolhuin, quien creía era el padre del hijo que Nilda llevaba en su vientre.
Un dato que no pasó desapercibido fue la lectura de un episodio que permite reconsiderar el proceder de algunos sectores de la sociedad a la hora de intervenir en casos de violencia intrafamiliar.  Nilda acudió un día, después de haber recibido de su pareja una fuerte paliza, a una iglesia evangelista de Tolhuin para pedir ayuda.  El pastor no la acompañó a radicar la denuncia policial ni tampoco procuró resguardarla con sus hijos de la violencia de su pareja: lo que hizo fue decirle que debía regresar a su casa y luchar por mantener unida la familia…
Por fin un día, en septiembre de 2015,  Nilda se decidió a denunciarlo y entonces la Justicia dispuso la exclusion del hogar y la prohibición de acercamiento.
Son más de 40 los testimonios de vecinos de la pequeña localidad de Tolhuin que señalaron que a partir de ese momento la mujer intentó comenzar una nueva vida, hasta  marzo de 2016 cuando sin trabajo, Nilda le pidió a Aldo que volviera a vivir con ella y los chicos. Enseguida volvieron las peleas y las agresiones, hasta que en la última de las discusiones, ella terminó muerta al igual que su hijo en gestación.

La hipótesis del crimen

EL HORROR ANTE LOS OJOS DE UN NIÑO DE 6 AÑOS

Durante el juicio, el hombre de cuidado y enrulado pelo largo, escuchó sin inmutarse las acusaciones que fueron desgranando los abogados querellantes Matías Pérez Iglesia y Carlos Fonrouge Kaufman y el fiscal Eduardo Tepedino.
Con el defensor oficial, Dr. Gustavo Arizanavarreta, sentado a su izquierda, Nuñez no se permitió traslucir ninguna emoción.
Se relató que después de una fuerte discusión dentro de la vivienda, Aldo Núñez habría golpeado a su mujer en la cabeza provocándole fractura de cráneo y luego le habría apretado el cuello para rematarla.
Entonces la habría arrastrado dentro del baño y valiéndose de un cuchillo, un cúter y un hacha, fraccionó el cuerpo en varias partes.  Fue en búsqueda de una valija y a presión introdujo el torso (con su propio hijo próximo a nacer) y la pierna derecha. Aunque trató, no pudo hacer entrar la pierna restante, por lo que decidió cerrar el cierre y sacar la valija de la casa.  Caminó pocos metros y debajo de un arbol, la cubrió con algunas ramas y la abandonó.  De regreso en la casilla, envolvió la pierna izquierda con una sábana y la empujó debajo de la cama de su hijastro. Como si todo lo ocurrido no fuera suficientemente horroroso, un dato hizo estremecer a quienes presenciaban el desarrollo del juicio: todo habría sido presenciado por el hijo mayor de Nilda. El pequeño se lo confesó tiempo después a su abuela, en el norte del país, cuando pudo vencer el miedo que le tenía a su padrastro y el trauma instalado en su psiquis.

 

Abogado querellante Matías Pérez Iglesias

LOS CARGOS
Perpetua: preso por 25 años

Aldo Javier Núñez es juzgado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por violencia de género.
Aunque Nuñez en la etapa de indagatoria dijo ser inocente, todo lo compromete.
Además de estar presente en la casa cuando la Policía halló la pierna de su mujer debajo de la cama de uno de los chicos, también se incautó en el lugar un par de guantes que por fuera tenía restos hemáticos de Nilda y en su interior, escamas de piel compatibles con su ADN.
También en el mango del cuchillo, del hacha y en el cúter, se hallaron vestigios de restos genéticos de Nuñez.


 

Omisión

EL CRIMEN DEL HIJO NONATO NO FUE CONSIDERADO

Pese a que quedó probado que Nilda Nuñez estaba gestando una criatura de cinco meses, en su vientre, este hecho no forma parte de la acusación a quien lo habría matado, al matar a su madre: su propio padre.
La doctrina argentina considera que la vida o vida extrauterina comienza a partir del período expulsivo o parto.
Independientemente de las cuestiones legales, la muerte de Nilda Nuñez significó también la muerte de un ser vivo que de no mediar el hecho violento que se está juzgando, hubiera nacido.
Es de suponer que los cargos que pesan sobre el único imputado en la causa son suficientemente de peso como para que resulte innecesario sumar ningún agravante más, ya que le correspondería la pena máxima que contempla la Ley de Argentina: la reclusión perpetua, o sea, 25 años de prisión.
No obstante, resulta llamativo que en las exposiciones que se escucharon en la jornada no se haya hecho hincapie en la existencia malograda de un feto en avanzado estado de desarrollo cuyo nacimiento fue cruelmente truncado por su propio padre.

 

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