El conflicto del Beagle: ¿la antesala fueguina de Malvinas?

Cuatro años antes de la Guerra de Malvinas, en 1978, la Argentina estuvo a punto de iniciar un conflicto bélico con Chile por la posesión de las Islas Lennox, Picton y Nueva, situadas en las aguas del Canal Beagle, frente a la costa sur occidental del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego.
Si bien el origen de la cuestión estaba en el tratado de límites firmado en 1881 entre Argentina y Chile que sirvió, entre otras cosas, para establecer límites territoriales y marítimos en la zona austral, el mismo no consignó mayores precisiones sobre la jurisdicción de aquellas islas ubicadas frente a las meridionales costas fueguinas.
La cuestión del Beagle transcurrió gran parte del siglo XX entre suspicaces doctrinas jurídicas, posicionamientos científicos, eruditas exposiciones diplomáticas y tibias negociaciones del “mal menor” para, a fin de cuentas, no dar solución definitiva a esta molestia geopolítica. Hasta que en 1971 los dos países acordaron someterse a un arbitraje del Reino Unido, que sería el encargado de resolver la disputa.

Lanusse

Demás está reconocer la conspicua relación que tuvo el presidente Alejandro Agustín Lanusse con el devenir fueguino. El hecho que durante su gestión, en el año 1972, se haya promulgado la Ley 19.640 para Tierra del Fuego, habilita lecturas complementarias con respecto al interés que le generaba el desarrollo de la región, porque el mismo año de promulgación de esa norma, visitó la Isla fundando la localidad de Tolhuin.
Dueño de una personalidad hosca, su gobierno estuvo signado por los apremios económicos, la presión sindical, la eclosión del accionar de las organizaciones de izquierda y la sombra de la proscripción política del peronismo.
Sin embargo, en materia de relaciones exteriores, quizá contaría con cierto viento a favor para resolver dos cuestiones que lo hubiesen catapultado a un lugar más decoroso que el que nuestro panteón presidencial finalmente le concedió.
La alineación con los EEUU en el marco del Plan Cóndor, cierta capacidad de negociación en el marco de la Guerra Fría y un apoyo más sustancioso de sus camaradas de armas que el que tuvo su antecesor Marcelo Levingston, le permitió a Lanusse plantearse la posibilidad de resolver dos cuestiones que contribuyeran a la consolidación territorial de la Argentina y de Tierra del Fuego: el posible acuerdo con Gran Bretaña por la posesión de las Islas Malvinas y encontrar la solución al histórico diferendo que nuestro país sostenía desde 1881 con Chile por las Islas Lennox, Picton y Nueva.
De ese modo, mientras revitalizaba a través de la cancillería el proyecto trunco de lograr la recuperación de las Islas Malvinas por vía diplomática que había tenido sustanciosos avances en 1968, Lanusse se reunía el 22 de julio de 1971 en Salta con su par chileno Salvador Allende para avanzar sobre la cuestión del Beagle. Fruto de ese encuentro, se firmó el compromiso arbitral, que habilitaba a su Majestad del Reino Unido a estudiar y elevar una propuesta de solución que debía ser aceptada por ambos países.
Pero Lanusse estaba sentado en un verdadero polvorín político y social, mientras que la lógica de la diplomacia y los acuerdos requerían de otros tiempos. Su dictadura languideció al año siguiente y debió de muy mala gana entregar el poder al peronismo en mayo de 1973.

Dios salve a la Reina

Transcurrieron seis años, hasta que el 2 de mayo de 1977 la corona inglesa finalmente se expidió, declarando el Canal Beagle navegable para ambos países y las islas Picton, Lennox y Nueva bajo soberanía chilena. A la postre, las bases sentadas en 1971 por Lanusse en Salta resultaron un verdadero tiro por la culata. A esto se sumaba que el posicionamiento de Inglaterra y los kelpers sobre la cuestión Malvinas se había endurecido singularmente a partir de la crisis de los petrodólares.
Desde ya, los términos del laudo británico fueron inaceptables para el Gobierno Argentino, declarándolo nulo el 25 de enero de 1978, quedando en una posición de clara debilidad diplomática. El diferendo cayó entonces en una pantanosa bruma de argumentos entre la posición chilena que solicitaba que Argentina cumpliera con el compromiso asumido por Lanusse en Salta y nuestro país que solicitaba un nuevo acuerdo que reemplazara el de 1881 para salvar la problemática desde su origen.
En realidad, la discusión de fondo no se centraba en las disputas territoriales (es decir, esas tres islas principales y otros islotes adyacentes) si no en las jurisdicciones marítimas dado que, otorgadas esas islas finalmente a Chile, éste país estaría en condiciones de penetrar en el Atlántico invocando las 200 millas que le corresponderían entonces, dominando de ese modo el paso del Cabo de Hornos. En definitiva, las disputas más agudas que llevaron al histórico tratado de límites de 1881 al parecer tampoco serían resueltas en esta oportunidad.

“Operación Soberanía”.
Las tensas fiestas de 1978

A fines de 1978, la Junta de Comandantes que gobernaba la Argentina, decidió que era tiempo de terminar las negociaciones e iniciar acciones bélicas. Las fuerzas armadas de ambos bandos movilizaron miles de hombres y toneladas de materiales (incluyendo las escalofriantes bolsas negras y ataúdes) hacia la zona austral y otros puntos del país. Crónicas posteriores y algunos estudios más recientes señalan que el conflicto no se iba a circunscribir al extremo austral, ya que los altos mandos chilenos advertían un estado de guerra total que incluiría la invasión del territorio continental. También existían planes similares del lado argentino. Las especulaciones del momento, estipulaban que sólo para la primera semana de lucha, se esperaba la muerte de 20.000 personas (entre soldados y civiles), cifra verdaderamente escalofriante.
La Armada Argentina comenzó la “Operación Soberanía” un 22 de diciembre, cuando la marina de guerra puso rumbo final hacia las islas del Beagle con el objetivo de ocuparlas, mientras la flota chilena detecta el movimiento y aguardaba el embate. El enfrentamiento era inminente. En otros puntos de las fronteras terrestres de la Patagonia, los soldados sintieron la mirada del adversario posada en su propia integridad. Estaban cara a cara apostados en refugios camuflados y trincheras. Se esperaba una Navidad sangrienta. Por suerte un milagro del clima evitó la tragedia.
La guerra, que debía comenzar el 23 de diciembre finalmente no se concretó gracias a una repentina tormenta que retrasó el ataque argentino. Un giro dramático de la situación evitó un baño de sangre entre ambas naciones. Mientras los mandos argentinos aguardaban que el temporal amaine para atacar, llega a Buenos Aires el ofrecimiento del Papa Juan Pablo II para iniciar la mediación. Ambos países aceptan.
Los sistemas respiratorios de miles de soldados que estaban destinados seguramente a quedar destrozados por las balas y bombas enemigas, pudieron suspirar. Las desgracias de una guerra inminente se habían evaporado con aquella tormenta salvadora que impidió el primer combate programado horas antes.

41 años del “Acta de Montevideo”.

Dos semanas después, en la ciudad capital de la República Oriental del Uruguay, se firmó el Acta de Montevideo (ayer se cumplieron 41 años) que fijaba de forma bastante flexible los términos de la mediación papal. Ambos gobiernos se comprometieron a no hacer uso de la fuerza, retornar al statu quo militar de comienzos de 1977 procurando no tomar medidas que turbasen los ánimos del vecino. Y aunque hubo provocaciones posteriores las acciones militares se dirigirían a otras latitudes del mar argentino y asumirían un nuevo adversario: la guerra de Malvinas contra el imperio británico.
Si bien la excepcionalidad y la particular repentización de la Guerra de Malvinas acaecida en 1982 tuvo como cualidad haber dejado en segundo plano un conflicto que tuvo a Tierra del Fuego como eje central de una disputa internacional con Chile, el conflicto del Beagle tiene un conexión directa con lo que luego ocurriría con Malvinas. Un tema que merece ser estudiado con mayor atención desde los centros académicos en Argentina. En eso, Chile nos lleva una ventaja abrumadora.
También para los fueguinos debe ser un hecho difundido y reflexionado, porque, aunque muchos tiendan a subestimarlo, se encuentra entre los antecedentes directos que llevaron a la posterior provincialización del otrora Territorio Nacional.
Hasta aquí, las primeras lecturas de este conflicto poco estudiado. Esta historia continuará…



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